Según la Municipalidad, se trata de un servicio nuevo. Consiste en que todos los días decenas de obreros municipales se ocupen de «desmalezado, remoción del suelo y erradicación de microbasurales, a lo largo y ancho de la ciudad». A primera vista parecería que los operarios van a levantar el suelo de toda la ciudad, quitando baldosas y demás pavimentos, y van a dejar primorosamente acondicionada la ciudad para sembrar pimientos verdes, que tan bien se dan en esta época del año.
Pero no. El Subsecretariode Servicios Públicos, señor Normando Zúñiga, ha informado que por el momento el asunto se circunscribirá a unas 200 cuadras, no más.
Además de la remoción del suelo -tarea que promete ser excitante- lo más atractivo del anuncio de Zúñiga es que este nuevo servicio municipal «no tendrá ningún tipo de impacto en las obligaciones impositivas de la comunidad». Quiere decir, más o menos, que los propietarios de los inmuebles adyacentes a las veredas no pagarán al fisco municipal un centavo por el corte de yuyo, el retiro de las basuras y el despanzurramiento del suelo.
Recuerda Zúñiga que, si bien el mantenimiento y la limpieza de las veredas es una obligación de los vecinos, la Municipalidad va a trabajar para acondicionar los espacios abandonados «que ponen en riesgo la integridad de la comunidad».
Los vecinos tienen que tomar conciencia, pues, de que si dejan que crezca el yuyo o que se junte basura sin barrer en la puerta de sus baldíos, la sociedad salteña en su conjunto corre el riesgo de desintegrarse.
Es decir, que puede haber corrupción política o desnutrición infantil en niveles cercanos a la obscenidad que no pasará nada. Pero si los aviesos frentistas no barren sus veredas, Salta seguramente estallará en mil pedazos.