Clausurado en Salta un hotel residencial que funcionaba como 'garçonnière'

La Subsecretaría de Control Comercial de la Municipalidad de Salta, a cargo del inflexible Nicolás Avellaneda, ha procedido a clausurar un hotel residencial que funcionaba en la calle Los Lanceros 1214, que bajo su inocente aspecto de hospedaje para pasajeros escondía al parecer un albergue para parejas.

A falta de mejores figuras jurídicas para encuadrar la ofensa, el residencial fue fajado por los implacables engrudadores municipales por la que se ha convertido en la falta administrativa por antonomasia en Salta: «la distorsión de rubro», ahora también llamada «desvirtuación de rubro».

Tales pecados mortales se producen cuando el establecimiento en cuestión se dedica a actividades no autorizadas en el permiso municipal original.

El procedimiento orquestado por Avellaneda y sus inspectores se llevó a cabo el fin de semana pasado, pero promete extenderse a todo el «padrón» de residenciales, para determinar si, efectivamente, funcionan como hoteles por hora.

El problema debe de estar en el módulo de la tarifa (la hora como unidad), puesto que en la práctica totalidad de los países del mundo, especialmente en aquellos en los que no existen los albergues transitorios, las parejas utilizan para sus lances amorosos un hotel común, el que abonan por día, aunque solo lo ocupen por algunos minutos.

Dice Avellaneda, que las inspecciones son giradas en colaboración con la División Trata de la Policía de Salta, que, según el funcionario municipal, maneja información de que en algunos de estos «supuestos residenciales» (sic) podría haber situaciones de trata de personas.

No ha dicho nada Avellaneda que la misma sospecha de trata se extienda a los albergues transitorios «normales» que funcionan normalmente en Salta, con la bendición de la autoridad municipal y todos los sellos necesarios.

El funcionario no ha hablado de prostitución, pero de haberlo hecho, esta es la hora que los pocos residenciales que funcionan en Salta estarían a rebosar de curiosos ávidos por conocer la oferta hotelera de estos «peculiares» (y nunca mejor dicho) establecimientos.