
Para el Ministro de Gobierno de Salta, su jefe, el Gobernador de Salta es una figura histórica de dimensiones tan incalculables que podría incluso dejar a Jesucristo en el lugar de un simple agitador antisistema.
Cuando Urtubey designó a Rodríguez al frente de la cartera de Gobierno algunos salteños pensaron que estaban ante un político. Pero se equivocaron: El Gobernador contrató a un hincha, a un hooligan cuya misión consiste en convencer a los salteños de que Urtubey no es un ser humano común y corriente sino un ser providencial, un semidios predestinado a alcanzar las más altas cimas de la política nacional y quién sabe si no a superarlas.
El exceso del hooligan podría ser hasta divertido de no ser por el pequeño detalle de su falta de originalidad.
Hace unos años, mareado por los mismos vapores del poder y alejado también de la realidad, el inefable Ángel Torres se refirió a su entonces jefe, Juan Carlos Romero, diciendo que era «el salteño más talentoso, uno de los mejores gobernadores de la Argentina, un hombre que entró en la historia grande de esta Provincia, que tiene una historia propia y un hombre como Güemes, figura tutelar desde el aspecto cultural e histórico».
Entre las desmedidas y nauseosas loas de Torres y de Rodríguez hay apenas unos años de diferencia. El punto de partida y el de llegada son los mismos. La megalomanía idéntica.
Torres controlaba a su antojo los medios de comunicación, tal cual como hoy lo hace Rodríguez; tal vez no con las mismas cifras pero sí con los mismos argumentos y, desde luego, con la misma desvergüenza.
La única diferencia -y muy pequeña por cierto- es que a uno (por razones casi obvias) no se le notaban demasiado los modales de hooligan (tenía la capacidad de disimularlos) y podía presumir de un talento y de una habilidad de la que no puede presumir el otro.
Los grandes hombres no necesitan profetas que anuncien su advenimiento, ni hooligans desbocados que hagan de su nombre una marca de cerveza. Los pequeños, por el contrario, necesitan reunir a todo un ejército de microinteligencias para poder alcanzar lo que la razón les niega.