
En Salta suceden con tanta frecuencia los hallazgos de mujeres muertas violentamente que los medios de comunicación asumen ya estos hechos de una forma casi tan natural que pone los pelos de punta.
A ello se le debe sumar el hecho de que el Gobernador de la Provincia, que debería ser el ciudadano preocupado número uno por esta clase de sucesos, se deja ver tan poco en Salta que daría la impresión que para él es más importante plantarse en Montevideo a hablar sobre los éxitos presuntos que su gobierno obtiene en una batalla contra la pobreza (en la que va perdiendo por goleada), que pensar en la dolorosa situación de las mujeres que malviven en la Provincia que gobierna.
Las televisiones invitan a Urtubey a hablar de la política monetaria, de la cohesión soñada del peronismo más cainita, de la guerra comercial entre Trump y Xi jinping, pero nunca a hablar de la situación de las mujeres masacradas en Salta. Dicho de otra manera, Urtubey puede ser invitado a hablar en cumbres medioambientales pero difícilmente, lo sea en una sobre derechos de las mujeres. Las féminas, que de tontas no tienen un pelo, saben quién es quien en esta materia.
Hay que decirlo claro: Urtubey no mata a las mujeres ni facilita que otros lo hagan. No es más misógino que otros gobernantes. Pero entre sus ausencias prolongadas del territorio que gobierna y que sus preocupaciones están más allá del cielo que nos cobija, el Gobernador de Salta hace bastante poco -casi nada- para evitar que este tipo de crímenes suceda con tanta espantosa frecuencia. Ojos que no ven...
Y si esto lo invalida y lo degrada como Gobernador de Salta, también anula (o debería) sus posibilidades de ser candidato a Presidente de la Nación.
Porque hoy mismo, y sin apelar a fantasías ni a catastrofismos, se puede calcular que si Urtubey gobernara el país es bastante posible que la cifra de mujeres asesinadas se multiplique varias veces en la Argentina. Si el Gobernador de Salta nada ha hecho en 12 años para evitar estos crímenes, si los cadáveres nunca le han importado más que su sueño presidencial, no hay nada ahora mismo que permita albergar la esperanza de que las cosas cambien a mejor si toma por asalto la Casa Rosada.
Hay que recordar que al Gobernador de Salta y candidato a Presidente de la Nación no se le movió un solo músculo de su agraciada cara cuando a comienzos de 2017 un peligroso preso recluido en la cárcel de Salta, que de él depende y que estaba bajo su custodia, acabó con la vida de una joven que había acudido al penal a visitarlo. Para Urtubey, nada falló entonces, como sucedió antes, cuando el mismo preso mató a otra mujer en parecidas circunstancias. Nadie le creyó al Gobernador, por supuesto, pero su carrera presidencial no sufrió ni el más mínimo tropiezo.
Y tal vez no debiera sufrir ninguno, porque si atendemos al estado de salud mental de la sociedad argentina no se puede descartar que la mayoría prefiera elegir como Presidente al Gobernador con las peores cifras sociales de la historia de su Provincia: pobreza, desempleo, marginación social, niños desamparados, malnutridos y peor tratados; mujeres muertas y golpeadas, adolescentes violadas en su intimidad personal por la invasiva informática gubernamental, infancia adoctrinada y un largo etcétera de patologías que, como las manzanas podridas, están a punto de corromper lo poco de sano que queda en el país.