
Antes y después del debate sobre el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso Nacional, Urtubey salió a decir que el «principio republicano» de la división de poderes, le impedía de forma absoluta dar ninguna instrucción a los legisladores nacionales.
De esta forma, Urtubey -el Gobernador- pudo salir en casi todas las televisiones de Buenos Aires a decir que estaba a favor de la despenalización del aborto (después de jurar por sus muertos en febrero pasado que nunca votaría una cosa así), mientras que Urtubey -el senador- tomó posición en contra del proyecto de ley, pero fundamentando su negativa en unos argumentos que, por su absurda brutalidad, dieron la vuelta al mundo.
Así las cosas, Urtubey -el senador- tomó distancia por las suyas de Urtubey -el Gobernador-; una distancia que se amplió cuando el Gobernador salió a criticar las opiniones de su propio hermano sobre las violaciones y la violencia contra las mujeres, como si uno no tuviera nada que ver con el otro y como si el «principio republicano» amparara semejante divergencia.
Ayer se ha confirmado que Urtubey -el Gobernador- y los legisladores nacionales por Salta forman una especie de piña, y que los «intereses de Salta», definidos y encarnados por el Gobernador, son asumidos públicamente por los legisladores nacionales, los suyos propios y también los ajenos, como los señores Martín Grande y Sergio Leavy.
El «acuerdo» al que arribaron Urtubey y los diputados nacionales sobre la defensa de los «recursos genuinos de Salta» frente al monstruo absorbente del centralismo demuestra que Urtubey influye sobre los legisladores y determina no solo el sentido de su voto sino también sus opiniones sobre asuntos concretos.
De esta manera, es muy probable que el muy católico Gobernador de Salta haya jugado al liberal/agnóstico mostrándose favorable al aborto ante audiencias mentalmente más evolucionadas, pero por lo bajinis le haya soplado a su hermano -el senador- los argumentos que han inundado las portadas de los diarios del mundo, dejando a Salta a la altura de los territorios medievales más infames y atrasados del planeta.
Si hay separación de poderes para una cosa es lógico pensar que la haya para otra. Y si no la hay; es decir, si los teléfonos echan humo -como sucede en la realidad- a nadie se le ocurriría pensar que el senador Rodolfo Urtubey tomó el micrófono en la sesión del Senado para decir la barbaridad que dijo, sin previamente haberlo consultado y consensuado con su hermano, el gobernador Juan Manuel Urtubey.
Algunos aseguran que si Rodolfo fue el autor de la música, Juan Manuel se encargó de la letra, exactamente como ha sucedido con los diputados nacionales y los recortes al fondo sojero.
De Juan Manuel Urtubey y de nadie más es la responsabilidad de que los diez legisladores nacionales por Salta hayan votado negativamente el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, como si en Salta no habitara ni un solo partidario de esta solución legal.
Si lo miramos bien, esto es coherencia, porque la verdad -la orden de votar en contra- encaja perfectamente con el malhadado decreto de judicialización de los abortos no punibles, suscrito por el Gobernador de Salta en 2012 y aplaudido, entre otros, por el senador Romero, que puso por delante los intereses de la iglesia católica y por detrás los derechos y las aspiraciones de las mujeres.
Si esto es «la República», pues que venga Dios y lo vea.