Urtubey sale a defender a su hermano... y la empeora

  • El Gobernador de Salta acude en defensa de su hermano senador, criticado en la Argentina y el extranjero por insinuar que hay violaciones contra mujeres que se perpetran sin violencia y por distinguir entre 'violaciones clásicas' y 'violaciones no clásicas'.
  • La pata metida hasta el fondo
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Ha sido esta una semana en la que los hermanos Urtubey (Rodolfo, Juan Manuel y José, porque de los demás no sabemos), por razones muy diferentes, habrían ganado muchísimo si se quedaban callados.


Todo comenzó con la insólita distinción -no en la tribuna de la cancha de All Boys sino en la misma sede de la soberanía popular- entre «violaciones clásicas» y «violaciones sin violencia», efectuada por el senador nacional Rodolfo Julio Urtubey, que desgraciadamente dio la vuelta al mundo, no tanto por su imprecisión sino por su primitivismo.

La reacción inmediata en las redes sociales, inusualmente virulenta, llevó al senador a intentar arreglar el desastre, pero para cuando pudo tomar la palabra, el terremoto ya se había producido.

Tan poco pudo convencer Urtubey de sus «buenas intenciones», que, solo unas horas después, unos ciudadanos indignados con su falta de tacto, de humanidad y de empatía con los padecimientos femeninos, abrieron una petición en Change.org para exigir su renuncia. Esta petición ya ha sido suscrita por más de 150.000 personas; es decir, superará largamente los votos que obtuvo el señor Urtubey en su elección de 2013, que fueron 178.921.

Al rescate del honor mancillado del senador, vapuleado por feministas y no feministas casi a partes iguales, ha salido su hermano el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, principal damnificado por los ataques al senador, ya que sus aspiraciones presidenciales sufrieron la noche del miércoles un hachazo de singulares proporciones.

Tarea difícil donde las haya, la de sacar la pata metida por el legislador se antojaba muy difícil, incluso para el noble hermano, quien por lo menos tuvo la gallardía de reconocerse como no especialista en la materia penal, a diferencia del senador, en cuyo currículum aparece el cargo de juez nacional integrante del Tribunal Oral en lo Criminal N° 13.

Más enterrado

Según declaraciones efectuadas a la radio cordobesa Cadena 3, Juan Manuel Urtubey ha dicho que su hermano estaba “buscando de qué manera incluir en el aborto no punible, que está vigente hoy, a casos no necesariamente de violación, sino de ausencia de consentimiento”.

La afirmación ha dejado perplejos a especialistas y a legos, porque a la luz de la redacción del artículo 119 del Código Penal argentino -que, como se sabe, no utiliza el vocablo violación- la figura básica del «abuso sexual», la que se aplica en todos los casos previstos, prevé expresamente, para la consumación del delito, la situación de la persona que «por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción».

Si tenemos en cuenta que el embarazo, en los casos previstos en el Código Penal, solo se puede producir a consecuencia del «acceso carnal», el tipo agravado del tercer párrafo del artículo 119 no distingue en absoluto ni permite distinguir entre violaciones con «violencia» y violaciones «con ausencia de consentimiento».

Es muy fácil darse cuenta -excepto para los hermanos Urtubey- que, para la ley penal argentina, en todos los abusos sexuales con acceso carnal punibles falta el consentimiento, sea que se emplee la violencia física o que para consumar el delito se eche mano de otro tipo de violencia. Es decir, que según la ley que nos rige no hay ni se puede hacer una diferencia en este sentido.

Y al no poder hacerla, los supuestos de abortos despenalizados del artículo 86.2 del Código Penal se aplican a todos los abusos sexuales de los que derive un embarazo. Es decir, que ya mismo y sin la generosa propuesta del senador Urtubey, los casos de violación que él, en su febril imaginación, cree excluidos del artículo 86.2 están incluidos.

Tanto lo están, que de conformidad con los criterios de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y la denominada Guía Técnica para la Atención Integral de los Abortos No Punibles, basta con una declaración jurada de la mujer afectada -que no es experta en Derecho Penal, por cierto- de que ha sido violada, razón por la cual es ella la que decide, según sus circunstancias y su propia valoración de los hechos, que la violación se ha consumado.

Es decir, que lo que ha hecho el hermano Gobernador y candidato a Presidente de la Nación es subrayar y reafirmar una distinción teórica que no solo es improcedente sino que también es profundamente denigrante para las mujeres y las víctimas de violación en general.

De este modo, Juan Manuel Urtubey parece suscribir la arriesgada tesis de su hermano según la cual en las llamadas violaciones intrafamiliares no se puede hablar de violencia. Olvidan sin embargo los hermanos que las violaciones cometidas por un miembro de la familia sobre otro suelen ser sumamente violentas y, en casi todos los casos, exponen a la víctima a convivir, aterrada, con su victimario.

El 'bardo' y los especialistas

Para el Gobernador de Salta, el enorme revuelo que se armó a raíz de las insólitas afirmaciones de su hermano son un «bardo».

Del mismo modo, la discusión sobre el tema es «tan finita» que de ella tienen que ocuparse «los abogados penalistas» (como su hermano, por ejemplo).

De lo que no se ha dado cuenta el Gobernador y candidato a presidente que lo que hay en el ambiente no es un «bardo» sino una indignación ciudadana de tono mayor y que la discusión sobre el particular se ha producido en el momento en que cientos de miles de personas se habían echado a la calle para discutir, precisamente, temas como este.

Reducir la indignación a un «bardo» y pensar que un delito regulado por el Código Penal (una ley de la Nación) es un «asunto de especialistas» y no un tema del que puede ocuparse el pueblo llano, comporta faltarle el respeto a los ciudadanos.

Juan Manuel Urtubey se ha olvidado de decirle a los cordobeses que cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación zanjó definitivamente el asunto de los abortos no punibles y expulsó del Ordenamiento las conductas encaminadas a obstaculizarlos, él, a las pocas horas, y en estrecha alianza con los sectores ultramontanos de su provincia, que aún piensan que los frutos de la violación de mujeres deben llegar a término, publicó un Decreto vergonzoso contra los derechos de las mujeres, cuya base filosófica -por él mismo expresada- es la siguiente: «La Corte Suprema ha resuelto un caso concreto y sus fundamentos jurídicos no son extrapolables a otros casos similares. En Salta analizaremos individualmente cada caso».

En resumen

Si en pocas horas el senador ha recibido casi 150.000 peticiones ciudadanas de renuncia a su cargo, ¿cuántas podría recibir su hermano en el mismo tiempo?

Porque si ya fueron bárbaras las palabras de Rodolfo Julio, por el contexto y la resonancia, mucho más inaceptables han sido las aclaraciones de su hermano Juan Manuel, que demuestra no solo una patológica falta de empatía con las mujeres, sino que confirman que el Derecho Penal es una materia de la que los hermanos Urtubey deberían volver a examinarse.

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