
Por fin, el Gobernador de Salta ha conseguido hacerse un hueco en la prensa española y no en la de papel cuché precisamente. Si bien lo ha conseguido con las mismas armas y argumentos con que habitualmente seduce a los grandes medios nacionales argentinos, no se puede negar que haber tocado a las puertas del mítico diario fundado por Jesús de Polanco solo seis meses después de la muerte de Franco representa un paso de gigantes en su estrategia de imagen, basada hasta aquí en su reciente y provechoso matrimonio con una conocida actriz de la televisión argentina.
Sin embargo, su entrevistador no ha acertado ni de lejos con la presentación del personaje.
La entrevista, firmada por el periodista Carlos E. Cué, comienza diciendo que Juan Manuel Urtubey es el Gobernador de Salta, «una de las provincias más pobres de la Argentina» y lo caracteriza como «un peronista moderado que siempre se coloca entre los posibles candidatos en las elecciones presidencial de 2019» (sic).
La introducción mezcla datos verdaderos con información falsa.
Es cierto por ejemplo que Salta es una de las provincias más pobres del país (lo cual no habla demasiado bien de su Gobernador, más que de ningún otro), pero no es verdad que Urtubey sea -como dice el señor Cué sin aportar mayores precisiones- un «peronista moderado». Solo por mencionar un dato histórico, se puede recordar que en diciembre de 2007, en ocasión del discurso inaugural del primero de sus tres mandatos seguidos como Gobernador de Salta, el propio Urtubey se definió ante la Legislatura de Salta, reunida en asamblea, como «fanáticamente peronista».
En cualquier caso, la distinción subyacente entre «peronismo moderado» y «peronismo extremo» es inoficiosa y no parece estar sustentada en ninguna base teórica o empírica. Si acaso, ha dado pie a una notable pero quizá interesada confusión mental del gobernador Urtubey, al señalar al presidente Raúl Alfonsín como el ejemplo «más cercano» de un presidente no peronista que no pudo concluir su mandato, olvidando al también radical Fernando de la Rúa, echado del poder en 2001 por peronistas tan «moderados» como él.
Otro dato de cuya veracidad nos permitimos dudar, y mucho, es que Urtubey se coloque «siempre» entre los posibles candidatos en las elecciones presidenciales de 2019. Ya para empezar es un poco desdoroso para Urtubey que se lo presente como un candidato consuetudinario, pero la verdad es que el Gobernador de Salta, aunque nunca ha ocultado sus aspiraciones políticas, ha intentado en todo momento «no colocarse», al menos de forma explícita.
Pero en la muy breve presentación del entrevistado hay más errores y omisiones.
Uno de los más significativos es el que, al decir que Urtubey pretende «agrupar a la oposición en una candidatura alternativa a la de Cristina Fernández de Kirchner», da a entender que el Gobernador de Salta es una especie de contrafigura del kirchnerismo. La presentación olvida que Urtubey fue hasta hace muy poco tiempo un fogoso valedor de la señora Kirchner y un incondicional sostén del kirchnerismo durante muchos años, hasta el punto de que en las elecciones presidenciales de 2015 apoyó sin reservas y con una alta responsabilidad en la campaña electoral al candidato kirchnerista Daniel Scioli.
La complicidad de Urtubey con la señora Kirchner es incluso anterior a la elección de ambos como mandatarios (diciembre de 2007), pues se remonta a la época en que Kirchner era senadora nacional por Santa Cruz y Urtubey joven diputado nacional por Salta. La sintonía entre ambos era ya -según comentan muchos- incluso demasiado intensa.
El otro error, seguramente producto de una falta de información del entrevistador, no es menor ni intrascendente. Consiste en haber señalado a la Provincia de Salta como «pionera» en materia de economía circular e innovación tecnológica, lo cual comporta no solo una notable exageración sino también una contradicción bastante clara con la anterior afirmación de que Salta «es una de las provincias más pobres del país».
Señalado una y otra vez como «foresticida» por organizaciones ecologistas, a raíz de su oscilante política de destrucción de los bosques a través de permisos gubernamentales para la deforestación, Urtubey no cumple probablemente ninguno de los requisitos para ser considerado un adalid de la «economía circular». Su provincia es la que mayor cantidad de desempleados tiene en todo el noroeste argentino, en proporción a su población activa; es también una de las que menos y peor invierte en formación profesional (basta con ver la calidad y la orientación de los cursos que se imparten con dinero público); tampoco ha hecho ninguna apuesta o inversión por las energías renovables, sino que al contrario su gobierno ha decidido muy recientemente ampliar las áreas concedidas para la exploración y explotación de combustibles fósiles; el gobierno de las finanzas públicas de Salta está atravesado por la especulación del dinero.
Tampoco hay innovación tecnológica en Salta, en donde el estado de las redes de telecomunicaciones (principalmente telefonía e Internet) es similar al de algunos países del África subsahariana. Lo que ha hecho el gobierno de Urtubey -y de eso intenta sacar partido- es convertir a un millón trescientos mil salteños en cobayas de laboratorio para Microsoft, compañía a la que paga ingentes cantidades de dinero por transferir a su «nube» millones de datos sensibles de personas vulnerables, a las que se arranca su información personal con unos estándares de protección de datos que serían inadmisibles en cualquier país de Europa.
Dejando atrás la presentación, en la entrevista Urtubey desgrana su arsenal dialéctico, recurriendo a los lugares comunes de siempre, y a algunas deformaciones de la realidad que son muy claras y que no conviene pasar por alto.
En lo que respecta a su posición en relación al proyecto de ley sobre el aborto que se tramita en el Congreso Nacional argentino, Urtubey ha intentado engañar a su entrevistador diciéndole: «No puede ser que la mujer sea encarcelada por abortar. Pasó en mi provincia y armamos todos los protocolos para evitar que suceda».
Probablemente el señor Cué ignore que tan solo dos meses antes de anunciar en un programa de televisión de Buenos Aires que estaba a favor de la despenalización del aborto, en su Provincia Urtubey dijo que, si él fuera legislador nacional, ni que se viniera el mundo abajo votaría por la despenalización del aborto. Esta circunstancia le ha permitido colarle al entrevistador una mentira de insólito calibre, como lo es la de que en Salta se armaron «todos los protocolos para evitar que suceda» (el encarcelamiento de mujeres que abortan).
En primer lugar, Salta, como integrante de la federación argentina, carece de cualquier competencia en materia de delitos penales, de modo que ningún protocolo provincial podría evitar que una mujer sea condenada a prisión por abortar en contra de la ley vigente. Es más o menos como si la provincia de Badajoz decidiera un día dejar de aplicar el Código Penal español, a través de un «protocolo» autonómico.
En segundo lugar, el «protocolo» impuesto por decreto de Urtubey en 2012, no tenía como finalidad evitar el encarcelamiento de nadie, pues se aplicaba a los casos previstos en el artículo 86.2 del Código Penal argentino, que no constituyen delitos. Antes, pues, que evitar el «encarcelamiento de mujeres» que de ningún modo podrían ir a la cárcel, lo que hacía el protocolo de Urtubey -hoy felizmente derogado- era oponer obstáculos inmediatos al ejercicio de un derecho previsto en las leyes, para impedir de hecho que las mujeres «idiotas o dementes» o las que sufrieron un embarazo producto de una violación, pudieran acceder a su legítima interrupción.
En suma, la entrevista es un paso de gigantes en su estrategia de imagen (es la primera vez que un medio de comunicación realmente importante lo menciona como probable candidato presidencial) pero también es un estrepitoso paso en falso, pues ante audiencias tan exigentes como la que conforman los lectores de El País no puede una persona presentarse poniendo las mentiras por delante de la verdad.