
En una entrevista recientemente publicada por el diario Perfil de Buenos Aires, el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, se ha referido a las críticas que le ha dirigido el cómico Marcelo Tinelli sobre la aparente discrepancia entre la propuesta del mandatario salteño para superar la crisis de las tarifas públicas y el voto positivo de los legisladores nacionales por Salta al proyecto que sobre la materia impulsa el arco opositor al gobierno de Macri.
Preguntado por la opinión de Tinelli -que habló de los legisladores «de» Urtubey- el mandatario salteño ha dicho lo siguiente: «Parte de la base del desconocimiento del sistema republicano. Yo no tengo legisladores ni le doy instrucciones a los legisladores. Digo lo que pienso y los legisladores votaron distinto a lo que pienso. El hecho de pensar que un legislador es propiedad de alguien es obturar la posibilidad de una Argentina democrática y republicana».
La genial respuesta, que traía implícita una invitación cordial al animador de televisión a estudiar en qué consiste el sistema republicano, tiene sin embargo algunas incorrecciones, que podrían ser inocentes, de no ser por el hecho de que quien ha mandado al popular animador a estudiar es una persona que ante determinadas audiencias se presenta a sí mismo como «profesor de Derecho Constitucional».
La respuesta a Perfil se complementa con otra, en parecido sentido, ofrecida a una periodista del diario La Nación, ante quien el Gobernador de Salta dijo que «está mal que (los senadores del PJ) respondan (a los gobernadores)» y que los legisladores deben ser autónomos: «Tomar a los legisladores como empleados de los gobernadores es un error conceptual».
Pero el verdadero error conceptual es confundir «sistema republicano» con «presidencialismo», que es exactamente lo que ha hecho nuestro muy docto profesor de Derecho Constitucional. No es peligroso ni alarmante que Tinelli -que ha hecho del histrionismo su profesión y que acostumbra a vacacionar entre cerros- desconozca esta distinción tan elemental de la teoría política. Es sin embargo muy grave que quien la ignore sea Gobernador de una provincia y que, además, aspire a presidir el país.
No es necesario grandes desarrollos teóricos para poner de manifiesto que el asunto de la propiedad o dependencia de un legislador (nacional o provincial) del Gobernador de su provincia está conectado con la distribución funcional entre los diferentes órganos del Estado. Tal vez se pueda hablar también de «división» o de «separación» de poderes, pero estas son ideas ligeramente más radicales cuya aplicación estricta puede derivar en la debilitación patológica del Estado, mientras que la distribución de funciones está más vinculada con la búsqueda de un equilibrio entre los intereses de los grupos sociales sobre la base de un compromiso político.
En cualquier caso, lo que hay que tener en cuenta es que esta distribución funcional es más intensa o más nítida solo en las repúblicas presidencialistas, puesto que en las repúblicas parlamentarias (Francia, Portugal, Alemania, Italia o Grecia), las conexiones entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo son, como todo el mundo sabe, mucho más estrechas y coordinadas.
De modo que no es el «republicanismo», como pretende Urtubey, el que justifica la independencia del Legislativo frente al Ejecutivo, sino que es el «presidencialismo», y no todos ellos sino solo el llamado «presidencialismo fuerte» (Estados Unidos, Brasil, México), puesto que en el «presidencialismo atenuado» (Francia), las conexiones entre los órganos políticos del Estado son más estrechas.
Pero es que aun en los presidencialismos más absorbentes, la coordinación del órgano ejecutivo con las asambleas legislativas es necesaria. Quienes ocupan un escaño en las cámaras no son en ningún caso «versos sueltos», en tanto su elección ha sido propiciada por los partidos políticos que los han llevado en sus listas. Y para el caso hay que recordar que don Juan Manuel Urtubey ostenta desde hace bastante tiempo el cargo de presidente del Partido Justicialista de Salta, de modo que los legisladores electos en las listas de este partido, quieran o no, responden a su presidente, porque así son las cosas y porque si fueran diferentes no tendría mucho sentido que los partidos tuvieran presidentes.
En la práctica, sin embargo, el señor Urtubey ha empapelado a los legisladores de su fracción política con consignas, instrucciones y misiones de las más variadas. Los ejemplos son incontables, sobre todo a nivel provincial, en donde el Gobernador tiene el control del 85% del Senado provincial y del 60% de la Cámara de Diputados. Cualquiera puede entender que sin un mínimo sustento parlamentario -y aunque en Salta el gobierno no sea responsable ante el Parlamento y no existan instituciones como la moción de censura o las cuestiones de confianza- ningún ciudadano podría gobernar.
Hace poco, con ocasión de la votación en la Cámara de Diputados de la Nación, Urtubey adobó a los diputados nacionales de su partido para que apoyaran la reforma previsional impulsada por el gobierno de Macri. A pesar de la orden, a uno de los diputados -Javier David- se le ocurrió votar en contra de la iniciativa y el hombre que hoy dice respetar de forma exquisita la autonomía de los legisladores nacionales por su provincia estalló de furia, hasta el punto de excluir a David, como represalia por su osada inobservancia de la disciplina de voto, de una importante reunión con intendentes municipales celebrada en Finca Las Costas a finales de diciembre de 2017 y le retiró su apoyo para que el actual diputado nacional presente su candidatura a Gobernador de Salta en 2019.
Esto último es lo que de verdad parece «una jodita para Tinelli».