
Aunque, según algunos, lo mejor está por llegar, el día en que el Intendente Municipal de Salta, Gustavo Sáenz, celebra su cumpleaños número 49, es ocasión propicia para destacar el excelente momento político que vive el jefe municipal salteño, que de ningún modo puede ser ensombrecido por una cuantas lajas que se han levantado en el «Corredor de la Fe».
Sus más fervientes partidarios -que se cuentan a montones- recuerdan que fueron unas losas desiguales del Baptisterio de Venecia las que activaron la imaginación de Marcel Proust y le animaron a coronar su fantástico rescate de la memoria, plasmado en una obra monumental. De Sáenz se dice que, cual moderno Schumacher, es el verdadero «Corredor de la Fe»: un atleta de carreras de fondo que cree religiosamente en sus posibilidades de victoria. Un «zorro del desierto» en versión vallista.
Pocas horas después de que se publicara su fotografía sonriente con el no menos sonriente Luisito Barrionuevo, flamante interventor judicial del PJ nacional, partidarios de Sáenz han salido a marcar las distancias con el destartalado peronismo, dando a entender que el Intendente -un peronista de tomo y lomo- competirá por el sitial de Gobernador de Salta, no en la siempre cabedora nave peronista, sino fuera de ella.
Aún no se sabe bien cómo celebrará Sáenz su casi cincuentena. Es posible que lo haga bebiendo una pócima rejuvenecedora preparada por su Secretario de Modernización, o que acuda a una «movida aeróbica» organizada por su Secretaria de Desarrollo Social. También es posible que se monte en una moderna motocarga y que recorra los barrios de la ciudad, para comprobar si Aguas del Norte ha hecho en sus calles más agujeros que Trump en las de Damasco.
Y si todo es posible para lo que resta del día, ni hablar del futuro, pues Sáenz lo tiene muy de cara. Hasta tal punto que daría la impresión que con solo hacer la plancha (no la tabla de planchar, que suele contener estupefacientes camuflados) el actual Intendente se llevará puesto al Indio Godoy y a quienes han convertido el peronismo «capitalino» en un feudo.
Sus más incondicionales han salido a ensalzar la figura del Intendente diciendo que él utiliza la inteligencia artificial para evitar «caos vehiculares» y no para predecir el destino de las predestinadas a la preñez. Y razón no les falta: Sáenz ha hecho en poco tiempo más que muchos en diez años y pico, sin reclamar para sí un lugar en la historia y sin creerse el elegido por Dios para desempeñar las más altas responsabilidades públicas.
Y debe ser así nomás, pues se espera para hoy que hasta el correoso sindicalista Serrudo entone, con su voz de barítono espinoso, aquello de «amiguito que Dios te bendiga, que reine la paz en tu día y que cumplas muchos más».