La campaña 'low cost' del diputado Matías Posadas

  • La exposición mediática del diputado provincial Matías Posadas va creciendo conforme se acerca la fecha de comienzo oficial de la campaña electoral. Su principal recurso es la asistencia a los actos públicos del gobierno, en lo que se considera como una apuesta segura, pues quienes utilizan esta estrategia no arriesgan ni un solo centavo de su propio patrimonio.
  • A la sombra del gobierno
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De todos es sabido que la exposición mediática del diputado provincial oficialista Matías Posadas ha ido en aumento en las últimas semanas.

El hombre busca la pole position en la carrera para convertirse en diputado nacional.

Tal vez sea por falta de recursos, pero probablemente sea por carencia de ideas, que el diputado Posadas ha basado su campaña en los «cameos» que cada vez con mayor frecuencia realiza en los actos de Estado y de gobierno.

Obviamente, el señor Posadas no paga un centavo por sus «segundos de gloria» ante los objetivos y flashes que pagan todos los salteños con sus impuestos, sin distinción de colores partidarios y con el sano propósito de que esos recursos no sean utilizados por un sector o por una persona en su propio beneficio.

Y si paga, que por favor lo diga; básicamente para saber quién es el listo que «hace caja» con su dinero.

Hace unos días fue la imagen del señor Posadas sentado en una reunión de gabinete en la que ni en caso de catástrofe cósmica le correspondería sentarse.

Ayer ha sido en la inauguración de un dispositivo para -teóricamente- mejorar las condiciones en las que los salteños donan sangre a sus semejantes.

Pero mientras unos la donan, otros parecen que la chupan y desangran a sus conciudadanos.

Es lógico y humano suponer que si el señor Posadas siente en su fuero íntimo (el que se suma a sus fueros parlamentarios) que está capacitado para aspirar a ocupar un escaño en el Congreso Nacional, haga el esfuerzo por presentar sus credenciales ante los ciudadanos, pero en una campaña limpia, transparente y auténticamente competitiva, en la que no existan «ayudas» del poder en forma de «invitaciones exclusivas».

Usar los actos del gobierno como «photo call» revela un poquito de mal gusto, desde el punto de vista estético, y una relajación de los principios, desde el punto de vista moral. Desde el punto de vista político es sencillamente incalificable.

Pero si el señor Posadas se esfuerza todos los días en aparecer en las primeras planas de los medios afines al gobierno, seguramente es porque los números aún le son esquivos. De otro modo, esta es la hora que estaría aplicando todos los talentos que posee a causas un poco más dignas.

Por ejemplo, se podría abocar a la siempre difícil tarea de convencer a la veleidosa grey peronista, cuyo favor electoral pretende, de que él, nacido radical y evolucionado a «urtubeysta» por la gracia de un Pokémon, está en condiciones ideológicas de representar adecuadamente a esa maraña de sensibilidades confusas en que se ha convertido el peronismo lugareño, desde que un señorito como Urtubey les ha hecho a los peronistas de toda la vida cruzar la frontera que solo hasta ayer dividía el sentimiento popular de los apetitos conservadores y reaccionarios.