
La cuenta de Instagram de la Primera Dama salteña se ha convertido en un lugar común para los comunicadores de nuestra Provincia. La razón no es banal: una buena parte de lo que el aparato oficial de comunicación del gobierno de Salta intenta ocultar, en algún momento aparece en el Instagram de la señora Macedo.
Sea por cálculo o sea por descuido, lo cierto es que la noticia que anima esta tarde a las redacciones criollas es que la delegación de gauchos fashion que despegó la semana pasada de Finca Las Costas no se encuentra ya en la ciudad de Barcelona, sino en la no menos bella Bruselas, sede de la Comisión Europea, uno de las principales instituciones de la UE.
Así se desprende de las últimas publicaciones en Instagram de la consagrada actriz argentina y esposa del Gobernador de Salta, quien ha paseado su garbo por la Grand Place, el punto máximo de atracción turística de una ciudad que es capital de varias culturas.
Atrás han quedado los debates (bastante pobres, por cierto) sobre si los salteños deben conocer o no dónde se encuentra el Gobernador de la Provincia y si sus viajes transcontinentales están justificados en necesidades públicas de los ciudadanos a los que gobierna o solo por el puro placer de conocer lugares bonitos. Lo que importa ahora es que la pareja del año (del año 2016) sigue feliz y contenta surcando los cielos abiertos de un continente que no solo se caracteriza por practicar una democracia bastante depurada sino por acoger, de vez en cuando, a tiranos y a aprendices de tales, ya sea en paseos ocasionales, o en largas estancias jubilatorias.
La capital bruselense -si el viaje ha sido bien planificado- es una ocasión inmejorable para conocer de cerca un país fascinante, por su cultura, por su gastronomía y por sus instituciones. De alguna manera, la presencia del Gobernador de Salta y su esposa en esta ciudad milenaria es una especie de «devolución de gentilezas» por la visita que hace casi 52 años realizaron a nuestra ciudad el rey Balduino y su esposa, la reina Fabiola de Mora y Aragón.
Para cualquier sibarita que bien se precie, un día antes de comer unos estupendos bocatas de calamares en la Plaza Mayor de Madrid, lo mejor es hacer una entrada de mejillones con papas fritas, como los que sirven en Bruselas.
Isabel no es Fabiola, pero no podemos negar que cada día da un pasito más para convertirse en monarca absoluta de ese reino un poco desconcertante, en el que brillan las luces del poder con inconfundibles destellos (la milonga entre magnates con sus locas tentaciones), pero el gas llega con treinta años de retraso, las personas se caen a los pozos ciegos por falta de cloacas, se encuentran criaturas recién nacidas nadando en excrementos y no hay día en que no aparezca una mujer masacrada en las cunetas.




