Mientras los fiscales estrechaban el cerco sobre Romero y un juez insinuaba que podría traer al senador esposado para que declare ante su presencia, Urtubey extendía discretamente en las sombras una mano al que otrora fue su mentor y padre político. En plena euforia por su conversión al macrismo, Urtubey sugería el regreso al seno del Partido Justicialista del exgobernador de Salta y actual senador nacional, Juan Carlos Romero.
El senador, acostumbrado a los flirteos y a los rondos de los perritos falderos, respondió a tan generoso capote orquestando una entrevista exclusiva a Urtubey en el diario de su propiedad. Una entrevista en la que el Gobernador, otrora víctima del corrosivo ataque del periódico, se prodigaba en sonrisas y accedía, incluso, a un muy estúpido ping-pong de preguntas y respuestas, que pasará a la historia como el ejercicio intelectual más bajo de un Gobernador de Salta desde las épocas de José María Todd.
Aun a riesgo de dejar a los fiscales y al audaz juez con los calzones bajados, ambos líderes volvieron a reconocerse, como esos borrachos que después de prodigarse navajazos frente a un mostrador de repente cesan en la agresión y entre babas de coca le dicen al otro: «¡hermanito, vos sabés cómo te quiero!» De siempre se han necesitado y miles de veces se han dado la mano por debajo del mantel. Pero ahora prefieren «salir del armario».
Quizá Urtubey se decidió a cortejar nuevamente a quien alguna vez consideró como el «padre del federalismo total», porque después de ocho años de vergonzosa sumisión de su gobierno al centralismo kirchnerista, comprendió que Salta debe plantear una batalla seria por los recursos que genuinamente le pertenecen.
Y nada mejor para la consecución de ese objetivo que asociar a Romero en la empresa, a quien Urtubey, en su ya casi olvidado libro «Sembrando Progreso», definió con esa modestia que lo caracteriza como un líder integracionista, heredero de San Martín y Bolívar.
Para ello, Romero no exigió contrapartidas muy claras que digamos. Según algunos, le bastaba para saciar su vampírico ego ver las ojeras violáceas del diputado Pablo Kosiner virar al infrarrojo en pleno recinto y regodearse con la imagen del antiguo kirchnerista con los pantalones bajos, agachado y listo para que los fondos buitres le practiquen una colonoscopia más bien profunda.
Las malas lenguas sostienen que el acuerdo entre Romero y Urtubey incluye la posibilidad contractual de que la actual novia del Gobernador de Salta ilustre la portada digital de El Tribuno en su popular sección «La Chica de la Tribuna».
Idealistas nac&pop out
¿Qué fue de aquellos jóvenes idealistas que en 2013 juraron por sus muertos que Urtubey no volvería jamás al redil de Romero? ¿Dónde están los hermanos Posadas? ¿Dónde Quilodrán? ¿Dónde papá Godoy? ¿Dónde el boliviano bocazas que inundó Twitter con insultos a Romero y a El Tribuno desde un cargo rentado por el gobierno de Urtubey?La poética reunión de Urtubey y Romero servirá para colocar muchas cosas en su lugar. Si es verdad que lo que Dios ha unido, el hombre no ha de desunirlo jamás, ¿por qué pensar que estos dos dignos descendientes de Cicerón y de Séneca deben seguir caminos diferentes cuando juntos se opusieron, por ejemplo, al matrimonio homosexual? ¿Por qué tienen que vivir vidas paralelas aquellos a los que les gustan los aviones privados, las grandes fincas, los paraísos fiscales, las familias bien provistas y las mansiones en los cerros? De vivir Pablo Escobar, le hubiera echado un cable al Chapo Guzmán, pues aunque sus negocios los hubieran enfrentado sus estilos de vida los aproximan más de lo que ellos hubiesen querido.
Si además de eso contamos con que los dos buscan lo mismo en Salta (ser señores feudales inmensamente ricos en medio de una sociedad inmensamente pobre) pues lo mejor para todos es que estén unidos, que se quieran y que se besen. Sus devaneos, que ellos creen que serán algún día materia de análisis por grandes historiadores, merecen ya un lugar en un imaginario santuario de la psicopatología política, erigido a las afueras de Viena.