
El Gobernador de la Provincia de Salta ha equivocado el gesto al estrechar la mano del Sumo Pontífice, durante el brevísimo encuentro que el papa Francisco mantuvo con la delegación que acompañó al presidente Macri a su primera visita de Estado al Vaticano.
Acostumbrado a los mates de Cargnello y la campechanía de las sectas locales, Urtubey saludó al Papa casi de costado, con una extraña torsión de columna vertebral, que nada tiene que ver con las reverencias que el protocolo señala deben hacer las personas que acuden a saludar al Papa o a otros príncipes de la Iglesia.
El gesto del Gobernador de Salta no fue en ningún momento irrespetuoso con la investidura del Papa, ni mucho menos. Pero es evidente que debió tener más cuidado para evitar que su saludo al Pontífice fuera interpretado como un cariñoso ademán dedicado a un «anciano entrañable».
Lo correcto y lo recomendable era hacer una reverencia inclinando ligeramente el cuerpo hacia adelante, manteniendo la espalda recta, sin flexionar las rodillas, para que el rostro quede cerca de la mano del Papa, quien la extenderá con el fin de que el interlocutor bese el anillo (o hagan el gesto de besarlo), que es el símbolo de su autoridad.
Al contrario, lo que ha hecho Urtubey es encarar al Papa ligeramente de costado e intentar envolverlo como una yarará. Ni siquiera hizo el ademán de acercarse al anillo, y dio la impresión de que lo que pretendía con ese extraño gesto envolvente era besar al Papa en el rostro (cosa que sí hizo, por ejemplo, la Gobernadora de Tierra del Fuego).