La mirada perdida del kirchnerismo crepuscular

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Estos ojos hablan por sí solos. No es necesario apuntarse a un curso exprés en el Colegio de Psicólogos de Salta para darse cuenta que detrás de esa nebulosa que se interpone entre el cristalino y la realidad se esconde la frustración de la retirada.

El hombre de los ojos desfallecientes, el de las cuencas cavadas y el brillo árido, ha salvado la ropa en las últimas elecciones, pero los delicados equilibrios de funambulista de su jefe Urtubey amenazan con dejarlo, una vez más, descolocado y huérfano de razones.

Así como cuando los ojos abiertos durante el sublime acto del beso revelan poco afecto, este par de platos cegados por la luz de las tinieblas dejan al descubierto la escasa o nula sinceridad del aplauso. ¿Por qué páginas web imaginarias estaría navegando el cerebro de este señor mientras aplaudía?

No es tan difícil saberlo. Cualquiera sea la respuesta, seguramente serán páginas de historias turbulentas, de seres atormentados por el peso de la responsabilidad y la liviandad del propio ser; páginas desgarradoras de ambiciones insatisfechas, de mediocridades nunca confesadas, de tristezas ocultas. Éste, definitivamente, no es el rostro de la «década ganada» sino algo muy diferente: la imagen de un profundo e insondable vacío de ideas; el retrato de un espíritu ausente.

Es la mirada del emigrante que se va, del que siente que el barco se aleja del puerto y no sabe si volverá a visitar los sitios que solía. Una sola pirueta más del equilibrista del «patrón referencial» y el barco se puede ir al garete. Esos ojos acuosos no volverán a mirar jamás la realidad sin que un enorme océano se interponga entre ellos y el sentido común.

Son los ojos que inconscientemente lloran a esas dos jóvenes francesas cuyos cadáveres algunos intentaron una vez tapar con la tierra de la vergüenza, la cobardía y la desinformación.

Probablemente, esta mirada vitriólica, tan poco saludable, sea un buen augurio para una república que necesita espantar a sus fantasmas y recuperar la confianza en sus instituciones y en sí misma.