'Me dejaron de retar a los 17 años'

A Urtubey le ha salido, a los 46 años, un 'Tata Miguel'.

A él, nada menos, que presume de haber conquistado precozmente la independencia (personal, profesional y política) en el seno de una familia regida con puño de hierro por sus mayores.

No le ha sentado nada bien al Gobernador de Salta que Aníbal Fernández lo haya llamado a capítulo con modales y argumentos que tranquilamente podría haber utilizado con un enemigo.

A veces descubrimos el verdadero carácter de los políticos observando sus reacciones cuando le lanzan pullas envenenadas, como las que acostumbra a lanzar el deslenguado Fernández.

Y Urtubey -que venía bien, no hay por qué negarlo- ha reaccionado mal, como si su cerebro estuviese en Salta y no en Nueva York.

Para esquivar los escupitinajos barriobajeros de Fernández no era necesario ni oportuno aludir a la independencia precozmente conquistada ('Me dejaron de retar a los 17 años'). Aquí se ha equivocado Urtubey, «y bien fiero», como dicen los gauchos que lo apoyan.

Una respuesta semejante solo puede provenir de alguien que está muy convencido de que sus pensamientos y sus acciones no pueden ser corregidos por nadie, porque nadie tiene ya autoridad suficiente sobre él para hacerlo. Cosas parecidas solo se ha visto hacer a algunos self made men y a personas que han vuelto a la vida después de haberse curado de enfermedades gravísimas. Ambos especímenes, porque piensan que no tienen ya nada que perder, se creen con derecho a no rendir cuenta de sus actos, jamás.

Como respuesta a un ataque político, la de 'Me dejaron de retar a los 17 años' suena más a pataleta de niño caprichoso que a un argumento razonable en un combate dialéctico serio y bien fundamentado. Decir una cosa semejante equivale a reconocer que alguien ha dejado de crecer y de mejorar a los 17 años.

Esgrimir la emancipación de la patria potestad o la liberación de la disciplina familiar para justificar una acción o un pensamiento cualquiera es la base y principio de todo despotismo.

Los gobernantes -y Urtubey no es la excepción- están obligados a recibir retos, regaños o reprimendas. Esto va en el sueldo y no hay por qué rasgarse las vestiduras por ello. No parecería ni lógico ni razonable que, frente a la legítima indignación ciudadana por los errores y omisiones de su gobierno (que son cuantiosísimos) Urtubey saliera a decir: «Miren señores, a mí nadie me reta desde los 17 años».

A la vista de estos errores y de los desastrosos efectos que provocan en muchos salteños, más de un ciudadano podría decirle al Gobernador: «Muy mal han hecho sus padres en dejarlo de retar a los 17 años. Tal vez si lo siguieran retando ahora, usted -que tiene la suerte de tener a sus padres vivos- sería mejor persona y mejor gobernante».

No hacía falta, pues, descender a semejantes alturas para responderle a Aníbal Fernández, un tipo que todos los días demuestra que sus padres lo dejaron de retar a los 5 años.