Señor Urtubey: Si el sueldo de Gobernador no le alcanza, ¿de dónde sale el dinero que paga su campaña?

  • Emplazamiento al gobernador Urtubey para que le responda a los salteños lo que los salteños quieren y tienen derecho a saber en estos momentos.
  • Público requerimiento al Gobernador de Salta

Gracias al diario La Nación (no tanto a El Tribuno, que publicó la noticia en su portada y pocos minutos después la quitó) los salteños nos hemos enterado de que le estamos pagando a don Juan Manuel Urtubey una cantidad de dinero insuficiente para que ejerza, a tiempo parcial, el cargo de Gobernador de la Provincia de Salta.


La situación del Gobernador en este aspecto no es muy diferente a la de millones de argentinos a los que no les alcanza el sueldo, incluyendo a aquellos que -como él- soportan la carga de mantener a más de una familia. Debería saber nuestro Gobernador que hay quien hace maravillas con tres veces menos su sueldo y con dos veces más familias que mantener.

Si el dinero que el conjunto de los salteños le paga mensualmente a su Gobernador no le alcanza a este para hacer frente a sus obligaciones personales y familiares, se supone que nuestro primer empleado no llega a fin de mes y no dispone, digamos, de un excedente que le permita atender otros gastos, como los que genera una campaña proselitista de nivel presidencial.

La situación es un poco delicada, porque se trata de un candidato sin partido. Lo que significa, un candidato que no se puede beneficiar de los mecanismos legales de financiación de los partidos políticos, de los que están excluidos, y por razones bastante comprensibles, los llamados «espacios políticos».

En base a estos datos, corresponde formularle al gobernador Urtubey la siguiente pregunta: Si el sueldo de gobernador no le alcanza, y con las rentas que le proporciona su actividad chancheril (dejando a un lado los numerosos conflictos de intereses que ella provoca) apenas «si la va peleando», ¿quién, con qué dinero y en qué condiciones paga los gastos de su actual campaña presidencial, que, todo el mundo sabe, está costando millones de dólares?

Diga quién paga su tiempo fuera de Salta, los viajes y sus frecuentes apariciones en los medios de comunicación nacionales. ¿Pagan usted y sus chanchitos? ¿Pagan los salteños, con su esfuerzo contributivo? ¿Pagan los organismos de crédito internacionales? ¿Paga algún banquero amigo suyo? O por ahí todo a usted le sale gratis y, en vez de pagar, cobra. Tal vez la rentabilidad de su chanchería sea descomunal y de ello no se ha enterado ni la Dirección General de Rentas. Cualquiera sea la respuesta, por favor, comuníquesela a todos los salteños.

Señor Gobernador: Ratifique usted que el sueldo que percibe como Gobernador de la Provincia es insuficiente para atender sus gastos, aun teniendo en cuenta que usted y su familia viven en una residencia oficial pagada con los impuestos de los salteños; y aunque usted y su familia se paguen de su bolsillo su comida (lo cual es también dudoso, teniendo en cuenta que a su chef personal y a la esposa de este se lo pagamos entre todos), diga usted a cuánto equivalen en dinero contante y sonante las numerosas «atenciones» que las diferentes marcas tienen con su esposa y con su hija más pequeña, y diga también cuánto se ahorra en billetes de avión al utilizar con manga ancha las aeronaves del Estado provincial.

Si su sueldo como Gobernador remunera su dedicación al cargo, haga el favor de calcular también cuánto debería usted cobrar si la tesorería de la Provincia le descontara de su recibo de sueldo todos los días y semanas enteras que usted no ejerce como Gobernador y dedica a su campaña electoral, en otras partes del país y del extranjero. Quizá haciendo este cálculo podríamos encontrarle la punta al ovillo de su escasa e insuficiente remuneración.

Se lo pregunto como salteño, como ciudadano que tiene derecho a que usted responda estas preguntas.

Por eso es que me temo mucho que si no me responde -usted seguramente sabe cómo localizarme- no solo me estará ignorando a mí o ningunéandome, como se suele decir por ahí, sino que le estará faltando el respeto a casi un millón y medio de salteños que están ahora mismo esperando -y le diría que muy ansiosamente- explicaciones convincentes de su parte.

Finalmente, si tiene dudas acerca de mis buenas intenciones, haga lo siguiente: denuncie públicamente mi perversidad y, de paso, intente contactar con la Hacienda española para que le digan exactamente con cuánto dinero vive el que suscribe y quienes de él dependen. Estoy deseando que alguna autoridad le diga oficialmente que no me dedico a criar chanchos, como usted.