El sueldo, un adorno del poder

  • En el momento de anunciar su patriótico gesto, el Gobernador de Salta podría haber tenido también la caballerosidad de decirle a sus comprovincianos que hace mucho que no dedica el tiempo necesario a su trabajo para justificar la percepción de ese sueldo tan insuficiente.
  • Asuntos sin resolver

La coherencia de Juan Manuel Urtubey es absoluta e irresistible: Un sueldo que no sirve para lo que tiene que servir (facilitar la subsistencia de una persona mediante la remuneración de su trabajo efectivo) es un sueldo del que se puede prescindir. Y así lo ha hecho nuestro Gobernador, para alegría de sus incondicionales.


Téngase en cuenta que, al igual que lo que sucede con Dios, él no puede ir a pedirle un aumento a nadie.

Al final, ¿qué es un sueldo del Estado para un self-made-man que además está casado con una self-made-woman que cobra por película dos veces lo que Emma Stone y cuatro lo que Julia Roberts? Solo un adorno del poder, que se puede colgar y descolgar a voluntad del adornado.

En el momento de anunciar su patriótico gesto podría haber tenido también la caballerosidad de decirle a sus comprovincianos que hace mucho que no dedica el tiempo necesario a su trabajo para justificar la percepción de ese sueldo tan insuficiente, y que su renuncia tiene que ver más con su intención de dedicarle aún menos tiempo en los próximos doce meses, que con un arrebato de decencia republicana.

Juan Manuel Urtubey donará su sueldo a vaya saber quién, sí, pero no su trabajo como Gobernador, pues no lo viene prestando regularmente como todo el mundo sabe. Así las cosas, la donación del sueldo es una forma elegante y justa de decir: «Si no me lo gano trabajando, está un poco mal que cobre ese sueldo ¿no?»

Ahora que, puestos a soñar, hubiese sido preferible, de todo punto de vista, que el anuncio de la donación del sueldo estuviese seguido de alguno de estos anuncios complementarios (que todavía se esperan que sean efectuados):

1) Que no vivirá más en la residencia oficial de Finca Las Costas.

2) Que no utilizará los fondos reservados, para ninguna finalidad.

3) Que no utilizará ni los coches ni los aviones ni los helicópteros oficiales.

4) Que no visitará provincia alguna en su campaña, so pretexto de firmar convenios turísticos de probada inutilidad.

5) Que su pequeña hija y su agraciada madre renunciarán a los regalos que reciben.

6) Que no ejercerá actividad económica o mercantil alguna, por sí o por tercero, que pueda colisionar con los intereses generales de los demás agentes económicos salteños o comprometer la neutralidad del gobierno a la hora de adoptar ciertas medidas.

7) Que revelará a los salteños y al resto de los argentinos, sin estridencias y sin escándalos, las cuentas de su costosa campaña proselitista y la relación de estas con el patrimonio familiar que -dice el Gobernador- está detrás de su sustento.

Con todas esas cosas pendientes, el anuncio de la donación del sueldo es realmente una minucia. Un gesto para la galería, con unas consecuencias políticas tan livianas que en nada se parecen al terremoto mediático que provocaron sus declaraciones, que nadie sacó de contexto, simplemente porque fueron efectuadas en el contexto de la mismísima nada.

Ya que el Gobernador habla de personas malintencionadas y de mala fe, me gustaría que, aclarase si se refiere a mí o a quién. Y que en caso de que la acusación me fuese dirigida personalmente, indicara con detalle cuál es la mala intención que porto (por ejemplo, hacerle algún daño a él) y, si alguna otra intención escondo tras la mala, a qué intereses esta intención oculta responde. ¿Quién me manda? ¿Quién guía mis pasos? Y ya que hablamos de Rebecca de Mornay, ¿de quién es la mano que mece la cuna? A lo mejor, recibo un sueldo de la CIA y no me estoy enterando.

Además, le invito a que demuestre mi mala fe, objetiva o subjetiva, pero no con conjeturas sino con hechos que se puedan probar y con derecho a contradicción. Porque la demostración de tal estado de ánimo corre por cuenta de él, que es quien lo ha alegado. No soy yo quien tiene que demostrar lo contrario.

Responda, anuncie, tome el toro por los cuernos y despeje dudas. No las deje flotando. Porque eso le hace mucho más daño a usted que a mí, se lo aseguro.