
Preocupado por las consecuencias que sobre su popularidad y aceptación está teniendo su ambigua posición sobre el aborto, las tarifas públicas o el déficit fiscal, el Gobernador de Salta ha vuelto a hacer lo que normalmente hace cuando el nivel de las críticas sube hasta la zona roja: recurrir a la prensa dócil para intentar darle una mano de pintura a su descascarada imagen.
Esta vez los medios elegidos por Juan Manuel Urtubey han sido La Nación y Perfil, que hoy publican sendas entrevistas light, en la que el mandatario salteño aparentemente planea sobre los problemas más peliagudos que le han avinagrado el gesto en las últimas semanas y en las que vanamente intenta aparecer como un político sereno y reflexivo.
Si no hubiera recurrido con anterioridad a este remedio extremo, probablemente medio país estaría en estos momentos creyendo en su sinceridad, dado que las dos entrevistas han sido efectuadas por profesionales de probada calidad y han sido presentadas en un formato muy atractivo.
Sin embargo, las respuestas del Gobernador de Salta no han contribuido a despejar ninguna de las principales incógnitas que desde hace tiempo aparecen asociadas con su cambiante discurso: lugares comunes, frases hechas, construcciones lógicas deficientes y una marcada ambigüedad son la nota común de las dos entrevistas.
Quien haya pensado que con estas entrevistas iba a enterarse de lo que verdaderamente se oculta tras la fachada del político superficial y acomodaticio que todos conocemos se ha equivocado rotundamente. Ambas entrevistas dejan muy en evidencia un esfuerzo premeditado y estructurado -disimulado por una falsa sensación de espontaneidad- por alejar a Urtubey de aquella imagen de frivolidad oportunista que le ha valido reproches tanto del peronismo tradicional como de su vertiente kirchnerista.
Sin embargo, el objetivo no ha sido alcanzado, ni aproximadamente. Una lectura paciente (porque no se puede decir profunda) de sus respuestas revela el carácter incorregiblemente repetitivo y escasamente audaz de un político incapaz de reinventarse a sí mismo, a pesar de sus continuos cambios de criterios y de posturas.
Un solo detalle pone de manifiesto aquel carácter: A la pregunta de si hubiera tomado la decisión de derogar el decreto provincial que estableció en su Provincia obstáculos judiciales y administrativos a los abortos no punibles si no pensara en ser Presidente de la Nación, Urtubey respondió exactamente lo mismo que hace un año en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, cuando se le preguntó si la inusualmente alta cifra de mujeres asesinadas en Salta no era un factor negativo para sus aspiraciones presidenciales: «frente a dramas como estos, pensar en cuestiones electorales me parece una aberración inadmisible».
Sin embargo, pocas dudas caben acerca de que han sido sus cálculos electorales los que lo han movido a derogar aquel decreto, ya que «dramas aberrantes» como el recientemente sucedido en Salta han ocurrido, y en cantidad, con anterioridad desde la sentencia de la Corte Suprema de 2012, sin que el Gobernador haya reaccionado de ningún modo.
Algunos comentan que la mejor encuesta de intención de voto le da a Urtubey un porcentaje del 7% y que los mismos encuestadores han calculado que, de no haberse derogado el decreto restrictivo del aborto legal, la intención de voto para Urtubey podría caer incluso por debajo del 5%.
Mañana lunes, cuando las biromes de los encuestadores se vuelvan a poner en marcha, se volverá a medir a Urtubey, pero se hará ya la luz del impacto que se espera de las dos entrevistas publicadas hoy. Los más cercanos al Gobernador de Salta esperan que, tras la operación de image laundry, el porcentaje que tocó fondo la semana pasada se recupere y vuelva a los niveles anteriores.