
El nuevo Procurador General designado por Urtubey no ha tenido más que rascar un poco la superficie de las cosas para que aflorara en todo su esplendor un espeso caldo bacteriano y los salteños nos diésemos cuenta de todo lo mal que lo venía haciendo el aparato fiscal diseñado a medida por López Viñals, siempre con el aval del arrepentido Urtubey.
Todo indica que al llegar a su nuevo cargo, Cornejo se encontró no solamente con «causas amesetadas» (como él acostumbra a llamarlas, con ese lenguaje güemesiano del que suele hacer gala de vez en cuando), sino también con fiscales inútiles, desobedientes y ahora también insuficientes; con una desorganización funcional importante, con circuitos administrativos bloqueados y -nos enteramos ahora- con un Cuerpo de Investigadores Fiscales venal, sospechoso de poco rigor científico, sin brújula y bastante podrido por dentro.
Pero allí donde se pensaba que todo este sombrío panorama no era más que una pintura impresionista salida de la inagotable e imaginativa paleta del pintor Cornejo, ahora nos enteramos que del asunto se ha ocupado el mismísimo Gobernador de la Provincia, quien, para sorpresa de la parroquia, se ha tomado la molestia de ir personalmente con su carpeta bajo el brazo a «presentarle» al Procurador General, en el propio despacho de este, el proyecto de ley del Poder Ejecutivo para reformar de raíz el CIF (que tan eficiente era antes) y para crear nuevos cargos de fiscales. No solo porque el aumento de la criminalidad los hace de algún modo necesarios sino también -y esto es más seguro- porque algunos amigos están sin trabajo. En Salta hay dinero y voluntad política (siempre sorprendentes) para poner al CIF patas para arriba, pero no para poner en funcionamiento el nuevo régimen penal juvenil.
Lo preocupante del asunto no es que el Gobernador haya cambiado la opinión acerca de la excelencia del CIF, organismo que hasta hace poco nuestro primer mandatario comparaba con la policía científica de Scotland Yard o con el laboratorio de partículas del CERN, sino más bien que su «iniciativa legislativa» supone un rotundo aval a la tarea destapacañerías de Cornejo (algo venido a menos en las últimas semanas) y, por tanto, una directa y tremenda descalificación, personal y profesional, hacia el hombre que antes de mayo de 2019 ocupaba la oficina del Procurador General.
Pero esto no sería nada si lo comparamos con el hecho de que la crítica decisión de Urtubey se produce a menos de cuatro meses de que él mismo hubiera propuesto (y conseguido) la designación del ahora despatarrado y antes genial López Viñals como juez de la Corte de Justicia de Salta. ¿Es que en mayo pasado este señor era idóneo para ocupar ese cargo y ahora ya no lo es? ¿Se ha terminado el idilio entre Urtubey y López Viñals?
Seguramente, cuando el próximo expediente contradictorio aterrice sobre la mesa de López Viñals en la Corte las partes concernidas se preguntarán si el ahora juez ha pasado recientemente por Lourdes para purificarse, habida cuenta de todos los agujeros y telarañas que -según Urtubey y Cornejo- ha dejado su largo paso por el Ministerio Público Fiscal de Salta.
La cuestión no es baladí, puesto que hablamos de uno de los siete señores que administran justicia al más alto nivel en la Provincia de Salta, y hablamos también de la decisión -probablemente viciada- del Gobernador de la Provincia, que parece haber confundido o extraviado los parámetros con que se mide la idoneidad de una persona que ha de ser propuesta para un cargo de tan decisiva importancia.
El CIF -para qué negarlo- es el hijo dilecto de López Viñals y ha sido su buque insignia mientras estuvo al frente de la oficina. Inagurado como si fuese la octava maravilla del mundo, este cuerpo bisoño conformado por aficionados y entusiastas de la criminología y de sus ciencias auxiliares (dicho con el mayor respeto), en vez de hallar el camino de la profesionalización, ha encontrado, casi sin querer, el sendero contrario. Ello, siempre según la peculiar visión de Urtubey y de su nuevo «Capitán Kirk» en el puente de mando de la Enterprise: Abel Cornejo.
El próximo Gobernador de Salta lo tiene bastante fácil. Le basta con enviar al Senado, antes del 8 de agosto de 2020, los pliegos de dos candidatos para reemplazar tanto a López Viñals como a Cornejo. Si el Senado aprueba estos pliegos, no habrá más que discutir, puesto que los decretos de Urtubey por los que se ha producido el malhadado «enroque» están viciados por una clara desviación de poder que es tan clara y manifiesta que no requiere de ninguna decisión judicial anulatoria que así lo declare.
La Policía, el CIF, Godoy y las turistas francesas
Es realmente muy extraño, pero si ya casi todos sabemos que el CIF cometió errores de una torpeza inaceptable (autopsias sesgadas, reconstrucciones faciales horrorosas, identificaciones equivocadas, etc.), y que, como ha dicho el incombustible diputado Manuel Santiago Godoy, «siempre que hay involucrado un policía la cosa se torna bastante laxa», ¿cómo es que el desamesetado procurador Cornejo no ha mandado inmediatamente a sus fiscales (a los obedientes, claro está) a pedir la nulidad de todo el proceso judicial por la violación, tortura y asesinato de las turistas francesas en 2011 y a instar, con la misma premura, su reanudación?.Quizá sea oportuno refrescar un poco la memoria y recordar que hay un hombre condenado a cadena perpetua en la cárcel de Villa Las Rosas, solo en base a un dictamen pericial sesgado y no concluyente elaborado por un científico -el señor Daniel Corach- que en mayo de 2012 (mucho antes de acometer el trabajo pericial que le fue encomendado en el caso de las turistas francesas) vino a Salta a decir: «el CIF de Salta es uno de los centros pioneros y mejor equipados en el país, para lo cual fue importantísimo el apoyo del Gobierno de Salta agilizando la resolución de los casos. Este nuevo servicio ubica a la provincia entre los lugares más importantes de la genética forense del país. Es un nuevo desafío concluido que merece el aplauso de todos».
Si Corach -todo un especialista en el tema- dijo que el CIF era bueno y al final resultó ser muy malo, ¿no es probable que se haya equivocado también con los haplotipos de Vera?
Algo más de cuatro años después de aquella nauseosa declaración de apoyo al gobierno de Salta (que recuerda mucho a las que en épocas parecidas le dedicaba a Urtubey el famoso doctor Albino) y la no menos empalagosa alabanza al mismo CIF que hoy se juzga destartalado e inútil por los más altos poderes del Estado, dos jueces sin experiencia del Tribunal de Impugnación decidieron seguir a pie juntillas el dictamen pericial del citado Corach (que no era ni de lejos asertivo y estaba sustentado en una técnica científica abandonada en los países avanzados por su escasa fiabilidad) para condenar a cadena perpetua a un hombre previamente declarado inocente por el único tribunal que presenció en directo la práctica de las pruebas. Ese hombre, por cierto, sigue clamando hoy por su inocencia.
El mismo informe pericial no solo había sido contradicho en juicio por otro experto argentino sino que también fue objeto de una precisa y contundente descalificación por parte de los expertos franceses del Institut Français des Empreintes Génétiques de Nantes que estudiaron las muestras genéticas halladas en los cadáveres de las infortunadas jóvenes visitantes. Y ello, por no decir que el mismo dictamen pericial -el del señor Corach, amigo y valedor del gobierno de Salta (por tanto, recusable como perito en los términos del artículo 248 del Código Procesal aplicable en aquel momento)- fue expresamente desechado por quienes lo valoraron con auténtica inmediación; es decir, por los señores Ángel Amadeo Longarte, Bernardo Ruiz y Carlos Pucheta (fallecido), todos ellos integrantes de único tribunal que juzgó en plenitud el caso de las turistas francesas.
Tal parece que al procurador Cornejo le disgustan las causas «amesetadas», pero no le hace asco a las causas caídas en valles de profunda oscuridad. Esto es: la justicia (y la orografía) según la cara y la nacionalidad del cliente.
En conclusión
Si López y Viñals y el CIF al final resultaron ser un fiasco, como sostienen Urtubey y Cornejo, lo han sido y lo son para todos los casos y para todas las circunstancias. No para algunas sí y para otras no.Es decir, que si el que fuera Procurador General hasta comienzos del pasado mes de mayo dejó agujeros por todos lados, es razonable pensar que no lo hará mejor en su nuevo cargo de juez de la Corte de Justicia de Salta. No es que López Viñals haya carecido de idoneidad antes y que milagrosamente la haya desarrollado ahora. Si no la tenía en mayo de 2019, ¿por qué entonces Urtubey lo propuso y lo designó en tan importante cargo?
Quiere esto también decir que toda la actuación, procesal y extraprocesal, tanto del CIF como del Ministerio Público Fiscal, cae por su base, y es por tanto tan inverosímil como insostenible que las dos instituciones, que lo han hecho casi todo mal, hayan acertado solamente en el caso de las turistas francesas.
La caída del CIF salteño no solo deja tocado a López Viñals, como es lógico, sino también al sobredimensionado prestigio del perito Corach. Sus juicios, sean científicos o institucionales, son hoy un poco menos creíbles que ayer, sin dudas.
Pero volvamos otra vez por un minuto a repasar las sabias palabras que ese Sócrates de los valles subandinos que es el diputado Godoy dedicó a la Policía de Salta. Y, al hacerlo, intentemos recordar las denuncias de Daniel Vilte y Santos Clemente Vera, quienes afirman haber sido torturados por la Policía de Salta para arrancarles confesión; las del condenado Lasi, que habla de «declaraciones dictadas» por el juez Martín Pérez y de picana en sus genitales; los episodios de manipulación de pruebas (plantación de casquillos de bala en el lugar de hallazgo de los cadáveres y otras que aparecen en el expediente); el presunto suicidio del comisario Néstor Piccolo, rápidamente archivado por quien hoy es una de las fiscales estrella de Cornejo; las fábulas que se cuentan sobre la actuación del cowboy Aldo Rogelio Saravia (entonces Secretario de Seguridad de Urtubey); las maniobras para salvar el pellejo de Pablo Kosiner, o la muerte en circunstancias más que dudosas del testigo Luis Sarmiento.
¡Vamos, señor Cornejo! Que estas no son mesetas ni insulsos cerros sanbernardos: son aconcaguas instalados en sus propias retinas de usted.