Macri 'ajusta', Urtubey 'recorta'

  • El idioma se vuelve en contra de quienes lo manipulan con desvergüenza en Salta, con intenciones de desacreditar al gobierno nacional.
  • Juego de palabras
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La perversa utilización del lenguaje por parte del gobierno provincial de Salta y de su principal aliado mediático, muy habitual en cuestiones sociales e ideológicas, se ha trasladado ahora al terreno de la economía pura y dura.


Para llamar con un sustantivo breve a las políticas de contención del gasto público que contemplan medidas de reducción de determinadas prestaciones o servicios a cargo del Estado, se suele utilizar dos palabras bien conocidas. Una que es pretendidamente más neutra y menos traumática («recorte») y otra cargada de significados ideológicos negativos («ajuste»).

Por razones de conveniencia política (esto es, para no dañar aún más la imagen del Gobernador de Salta), en esta Provincia solo se habla de «ajuste» para referirse a las medidas de austeridad fiscal que adopta el presidente Macri. Las medidas que decide el gobernador Juan Manuel Urtubey nunca son el tan temido «ajuste» sino que son meramente «recortes».

También es muy visible en la estrategia de comunicación gubernamental que mientras que Macri no da pie con bola con su obsceno y neoliberal «ajuste», el amigable y socialmente sensible «recorte» de Urtubey es eficiente, ordenado y poco traumático.

Las dos cosas, y sus inversas, son teóricamente posibles, pero lamentablemente ninguna ocurre en la realidad. Ni uno es un «burro» ni el otro (mucho menos) un «gran profesor».

Si Macri pide dinero (precisamente para evitar tener que recortar, o para recortar menos), lo suyo es un brutal «ajuste». Pero si quien pide dinero es Urtubey, nadie habla de endeudamiento sino de «toma de créditos».

Lo mismo ocurre, a escala pequeña, con el intendente Sáenz, a quien Urtubey ha llamado públicamente «Intendente mendicante», por salir a buscar fuera de Salta el dinero que necesita para evitar la parálisis de la Municipalidad de Salta. Pero cuando Urtubey sale a «los mercados», nunca es él el que pide: son «los mercados» los que vienen a él. ¡Ah! Y el que impone condiciones draconianas es solo el FMI; los otros acreedores (fondos buitre) le dicen al Gobernador de Salta: «Juan Manuel, haz lo que te plazca con el dinero que te prestamos. Confiamos en ti». ¡Chapeau!

La ayuda del Diccionario

Seguramente habrá quien haya desarrollado toda una disertación sobre el significado económico de las dos palabras. Pero antes que ellos, y sin tantas pretensiones teóricas (sino más bien normativas) las academias de la Lengua han definido los verbos «recortar» y «ajustar», del siguiente modo:

Ajustar: Apretar algo de suerte que sus varias partes casen o vengan justo con otra cosa o entre sí; o también arreglar, moderar.

Recortar: Cortar o cercenar lo que sobra de algo. O también, disminuir o hacer más pequeño algo material o inmaterial.

De allí que, en términos políticos (hablando del precio de la impopularidad), sea bastante más duro «recortar» que «ajustar», pues la primera acción supone al menos alguna de estas cosas: 1) el reconocimiento de que algo sobra en el Estado, o la admisión de que el Estado es demasiado grande (alguien lo ha agrandado, porque estas cosas no se agrandan solas) y se hace necesario disminuirlo o de hacerlo más pequeño.

La segunda acción («ajustar»), a pesar de sus connotaciones casi diabólicas, es bastante menos traumática. Solo se trata de hacer que varias partes casen justas entre sí, las unas con las otras; o, en su caso, de arreglar o moderar lo que está desarreglado. Esta acción no prejuzga sobre las dimensiones del Estado o sobre su ineficiencia, como sí lo hace «recortar». A lo sumo, el «ajuste» significa el intento de que la variedad descoordinada se arregle o se modere de algún modo.

Buenos y malos

Dicho lo anterior, es muy evidente que Macri recorta como ajusta, y que tres cuartos de lo mismo hace Urtubey. Ninguno es un santo que sigue las teorías económicas más puras a pie juntillas. A la vista del desastre de las finanzas públicas, nacionales y provinciales, no se puede decir de ningún modo que uno lo haga mejor que el otro.

Las recetas para contener el gasto público no son infinitas, aunque en Salta parece que sí lo son los términos que se emplean para comunicar estas políticas.

Cualquiera sea la palabra que se elija, en un momento y un contexto determinados, ella tendrá por objeto dividir la sociedad entre «buenos» y «malos». Entre eficientes analistas de la estructura de gastos del Estado y simples aficionados a los juegos financieros.

No hace falta una exquisita formación en Economía para darse cuenta quién es lo uno y quién es lo otro. Basta, en este caso, con abrir el Diccionario.

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