Lo lamentable, es que el señor Leavy, antes de pagar aquella estratosférica cantidad (como si todos los tartagalenses se hubieran casado al mismo tiempo y encargado las fotos de la boda a cuenta de la Municipalidad), prefirió descalificar al fotógrafo diciendo de él que es "un timador, un busca".Tal vez sea ambas cosas, o una sola o ninguna. Lo que no es aceptable por la cultura popular es que el intendente califique de "busca" a un timador, porque entre nosotros el oficio del busca tiene su propia deontología y goza de una cierta consideración social que no es cuestión de poner en entredicho así como así, por sólo 270.000 roñosos pesos.
El busca vive de "busquear" no de timar a la gente y menos de aprovecharse de municipios mal organizados poco atentos. Busquear es una actividad mayormente lícita que requiere de los interesados una perspicacia muy especial que nada o, mejor dicho, poco tiene que ver con el fraude abierto y desembozado.
El busca vende libros a domicilio, cobra las cuotas del club, alquila su vereda, fabrica sus milanesas con vinagre para ahorrar en huevo, cava piletas de natación, se cobija a la sombra de algún político poderoso, se queda con algún vueltito, elude -a veces- pagar el estacionamiento urbano, preside cooperadoras escolares, vende medicamentos que regalan los visitadores médicos, explota al máximo la intermediación de lo que sea (desde una platea en la cancha hasta una cama en terapia intensiva), no protesta cuando el tintorero le da equivocadamente el traje de otra persona o cuando la balanza del fiambrero dice que pesa sólo 150 gramos el medio kilo de jamón crudo que lleva.
El busca camina la calle, no dispara su reflex desde aviones langosteros. Ayuda a las ancianas a cruzar las esquinas, nunca invita a una copa y cuando se encuentra con un implacable cobrador, en lugar de cambiar de vereda lo encara y le dice: "Andá a cobrarme a mi casa mañana a las 12 y media. Pero andá a esa hora exacta. No me hagás esconder al pedo".
El busca, junto a los opas, es lo único que nos queda para luchar contra la tecnocracia, contra los consultores aparatosos, contra la medicina de "alta complejidad" que a veces sólo consiste en llevar una lechuza en el maletín, contra las modernas "law firms" que acumulan paredes enteras de repertorios de jurisprudencia para después liquidar los juicios charlándose a los jueces por teléfono, contra los grandes "estudios contables" y los nuevos sabios de la contabilidad, que abjuran de cualquier moral y son capaces de cuadrar las cuentas hasta del diabólico Madoff o justificar la compra de aviones mediante decretos ad hoc, contra los dueños y gurúes de las "tecnologías punta" que terminan empalmando la fibra óptica con plasticola, y en fin contra todo un mundo de gente que parecen buscas, pero que, en el fondo, no lo son. ¿O lo son? ¡Quién sabe!
En definitiva, si queremos seguir existiendo como sociedad que reconoce y cultiva sus propias señas de identidad, respetemos un poco más a nuestros buscas.