Salta, como seguramente sucede en otras latitudes, vive un tiempo en donde los fabricantes de la historia funcionan como una suerte de Supremo Tribunal encargado de inventar trayectorias, de condenar a unos al eterno olvido y de situar a otros en un imaginario Panteón de las Glorias del Norte, de consagrar lo insignificante, de silenciar las manifestaciones del talento independiente y, en fin, de manipular los acontecimientos vividos por los salteños desde Güemes hasta aquí. Mientras estos mercaderes hacen su trabajo y hasta tanto los historiadores tomen el relevo, siempre es de agradecer que surjan escritos y reflexiones de todos aquellos que pueden ser depositarios de acontecimientos, por insignificantes que parezcan a primera vista, que tengan que ver con la memoria colectiva.
Sobre todo, con lo sucedido en Salta en los años 60 y 70, un tiempo cargado de ilusiones, de violencia, de errores, de odios y de amores, de ganas de transformar el mundo y de extirpar el mal y la injusticia. Pero también un tiempo pasado en donde el inexorable olvido involuntario se suma, a su pesar, a las maniobras de desinformación para, juntos, hurtar a las nuevas generaciones versiones de la historia más pegadas a la verdad que a la leyenda.
Las consideraciones que siguen, hay que decirlo, están dictadas por mi condición de amigo personal y compañero setentista de Hugo Luis POMA, sin otra pretensión que volcar los recuerdos que su temprana muerte convocan en mi espíritu apenado.
Muy probablemente conocí a Hugo en la entusiasta caravana que, promediando los años sesenta, recibió a Raymundo ONGARO en la entrada de la ciudad de Metán.
Pronto nos unió la repulsa a la dictadura miliar y la común amistad con Carlos CARO que comenzaba a ejercer un singular liderazgo en el peronismo histórico (en el sentido de que encontraba su punto de referencia en la figura indiscutida del General Perón y se vinculaba armónicamente con las tradiciones y con la cultura peronista inmediatamente anterior) del sur de la Provincia y que luego se extendería a todo el ámbito de la Provincia hasta el Gran Fraude de 1982.
A partir de aquel lejano 1968 y hasta al menos 1983, Hugo y centenas de amigos compartimos los avatares del peronismo salteño. Luchamos por el retorno del General PERÓN y contra los dictadores, discrepamos de los montoneros, resistimos los intentos del emergente poder mediático por copar el peronismo a fuerza de dinero, fuimos varias veces derrotados, hasta la infamia del Golpe militar del General VIDELA.
A comienzos de los años 70 el peronismo salteño se reorganiza bajo las ilusorias o ilusionantes consignas de unidad, solidaridad y organización, y Hugo aporta no solamente sus conocimientos como economista (el peronismo local, dominado por abogados, carecía de expertos en la ciencia económica): Aporta también una sensibilidad abierta y alejada de sectarismos (las orgas juveniles enrarecieron el ambiente interno), y una idea de Salta que rechazaba la hegemonía del Valle de Lerma.
En este sentido, la Coalición del Interior (en esencia, una idea de peronistas de Metán y de Tartagal, como Héctor Hugo HEREDIA) fue una estructura que, sin confrontar desde un localismo rudimentario con el resto de las estructuras peronistas, contrapesó la influencia de la intelectualizada y rígida Agrupación Reconquista.
Tras las elecciones de marzo de 1973, Hugo fue diputado primero y Secretario de la Producción después, cumpliendo en ambas funciones un papel signado por la responsabilidad, la lealtad a una línea política que reconocía como vértice las directrices (reales o deducidas) del General Perón, y el conocimiento de la realidad económica regional.
El 24 de marzo de 1976, en esa noche de violencia y odio (que no era la primera ni sería la última), Hugo Luis POMA fue detenido, encapuchado y rapado sin que jamás nadie le explicara los motivos de su detención; como a tantos otros que sufrieron el escarnio militar teleguiado por secretos odios civiles.
De los detenidos que integraban el espacio Agrupación Reconquista / Coalición del Interior, Hugo fue el que más tiempo permaneció en las mazmorras de la dictadura. Su invariable y fraternal amistad con Luis RISO PATRON (vilmente asesinado en la ciudad de METAN, luego de ser detenido por fuerzas militares que apelaron a medios que deberían avergonzar a cualquier profesional de la guerra), le granjeó en los centros de inteligencia del Estado fama de peligroso hombre de izquierda.
Nada mas recuperar su libertad, Hugo decidió emigrar primero a Córdoba y más tarde a España en búsqueda de seguridad y paz para su familia. Radicado en Valencia, compartimos un emprendimiento comercial y las amarguras del destierro; volví entonces a constatar su talento profesional, su honradez y su calidad humana.
Retornado a la Argentina y a Metán, Hugo Luis POMA trabajó intensamente en la construcción del Partido Tres Banderas, tarea a la que supo incorporar tanto su experiencia anterior (la de dirigente, legislador y funcionario) como los conocimientos y sensibilidades adquiridos durante su vida en la España democrática.
Electo convencional constituyente por el Partido Tres Banderas, Hugo participó activamente en los debates que culminaron con la sanción de la Constitución de la Provincia de Salta que, como se sabe, excluía la posibilidad de reelección indefinida de las altas magistraturas del Estado.
Más tarde, el actual Gobernador lo puso al frente de la cartera de Economía, cargo que desempeñó con lealtad y patriotismo, y también con sobriedad republicana, por un breve tiempo.
Es este mi modesto y personal homenaje a un amigo inteligente y sufrido.