La desinformación sustituye a la histeria como factor de riesgo de la gripe A

En la mayoría de los países avanzados del mundo que hoy sufren la pandemia de gripe A, la información pública es una de las principales herramientas de que se valen los gobiernos para luchar contra la enfermedad. Esta información pública no tendría en estos países ninguna utilidad si no fuese sumamente precisa y estuviera basada solamente en conjeturas, como las que se barajan en Salta, en relación con la misma enfermedad. Cuidados contra la gripeNingún medio de prensa con responsabilidad social puede informar a los ciudadanos, como lo hace hoy un medio salteño, titulando "Creen que son 13 los muertos por gripe A en la provincia".

Ningún gobierno serio puede dar a conocer unas cifras de mortalidad sin esperar previamente la confirmación de que tales muertes se deben a una enfermedad o a otra. La "estimación" o el "cálculo", por muy precisos y acertados que sean, no contribuyen a dar al fenómeno el enfoque serio y profesional que la resolución del problema necesita. A lo más, lo que hacen es confundir a los organismos y a los expertos internacionales, que seguramente -como es el caso de la OMS- no elaboran sus informes en base a "corazonadas" sino a certezas bastante contundentes.

Los trece muertos a que supuestamente se refiere el gobierno de Salta son, en palabras de los propios responsables gubernamentales, "sólo casos sospechosos, aún sin confirmar". Y si lo son, ¿por qué motivo se difunde esta cifra? El gobierno debería aclarar qué intención persigue al difundir estimaciones sin conformar, porque de lo contrario, se corre el riesgo de que los ciudadanos interpreten que las autoridades sanitarias provinciales sólo pretenden controlar el brote infundiendo miedo a la población.

A los fines de informar sobre la gripe A -que es el problema que hoy más preocupa a todo el mundo- no ayuda tampoco el hecho de que las autoridades provinciales mezclen las cifras de afectados por esta gripe con las de enfermos de otras patologías respiratorias, y que saquen del armario una categoría médica que -mal empleada- puede inducir a confusión: la de ETI (o enfermedades de tipo influenza). ¿A quién importa ahora las cifras de ETI cuando lo que preocupa de verdad es la gripe A?

El primer deber del gobierno es el de lograr que las muestras de enfermos recogidas en Salta sean analizadas a la mayor velocidad posible por los laboratorios habilitados, lo que incluye el deber de buscar otros laboratorios para efectuar las pruebas, en caso de retrasos en el laboratorio central. Es, hasta cierto punto, inadmisible que a casi un mes de que el propio gobierno anunciara que el propio gobernador de Salta padeció la enfermedad, aún no haya confirmación oficial de que fue infectado por el virus H1N1. Inadmisible, por no decir vergonzoso.

El segundo deber es el de dar las cifras reales, no las estimativas, porque el interés de los ciudadanos apunta a la mayor objetividad y no al mayor o menor acierto subjetivo de un pool de expertos que van por la vida contando estornudos y diagnosticando a ojo de buen cubero.