Cuando Platón imaginó a su República regida por el Rey Filósofo, no creemos que haya previsto, entre las actividades del gobernante, unas "jornadas de capacitación" en Derecho o en Economía.Por esta razón es que suena un poco extraño que nuestros nuevos legisladores -concejales incluidos- deban ser "capacitados" por alguien. Porque si ese alguien que "sabe más" que los nuevos representantes realmente existe, es ése el que debe ser senador, diputado o concejal y no el otro.
En cualquier sistema republicano se da por supuesto que la única "capacidad" requerida a los representantes populares en las asambleas legislativas es la que confiere el voto de los ciudadanos. En ninguna parte de nuestra constitución se exige determinada "capacidades" para formar parte de estas asambleas. Si los representantes son "poco capaces" o directamente brutos, sabrá el soberano por qué los ha elegido así y no mejores. Estas decisiones se deben respetar. ¿Qué tal si Obama anunciara que se someterá a un tratamiento para convertirse en blanco?
Este asunto de la capacitación ha llegado tan lejos entre nosotros, que no faltan anuncios de que se "capacitan" Municipios, y no simplemente a empleados municipales. Si para poder cumplir con sus funciones un Municipio -como el mismo Estado- necesita que venga otro y lo haga capaz de lo que actualmente no es capaz, ese ente, por mucha capacitación que adquiera, no merece llamarse Municipio.
La extensión de las actividades de "capacitación" está dando a entender que nuestra sociedad está integrada por individuos manifiestamente incapaces. Todos necesitamos y estamos obligados en cierta medida a mejorar como personas y a acrecentar nuestro acervo de conocimientos y habilidades, pero todos sabemos también que llega un punto en que podemos ser infinitamente mejores pero no trasponer los límites de nuestra máxima "capacidad". La mera transmisión de conocimientos, por muy eficiente que sea el proceso de enseñanza-aprendizaje, puede convertirnos en más sabios pero difícilmente en más capaces.
Si el Gobernador o algún legislador es capaz de reconocer que le faltan ciertas capacidades para ejercer sus cargos, la primera opción -antes que capacitarse- es renunciar, sobre todo frente a la incontestable realidad de que el "capacitador" es más capaz que ellos.