El fenómeno del que hablo consiste en "seguir" (mediáticamente hablando) a ciertos "productos locales", entendiendo por tales a ciertos personajes próximos que un buen día deciden desplazarse por el mundo. Tal seguimiento generalmente no es neutro, puesto que los mismos medios tienden a ensalzar -a menudo de forma exagerada- las cualidades del emigrante, ignorando sus defectos y defendiéndolos de cualquier ataque, aunque hubieran cometido auténticas atrocidades fuera de nuestro territorio.Quizá debería haber empezado diciendo que la complejidad del concepto de "extraterritorialidad de los valores locales" es sólo una deformación mediática y contemporánea del viejo aforismo aquel que dice que "nadie es profeta en su tierra".
Sucede generalmente con los deportistas, a los que por el solo hecho de practicar su deporte lejos del terruño, se tiende a considerar ídolos intocables. No importa que ganen menos títulos que los que no han emigrado; no importa que aparezcan en el número 5.546 del ránking. Sólo el estar afuera los convierte en objeto de curiosidad para los medios. Sucede también, aunque en medida mucho menor y por razones que son bien conocidas, con los intelectuales, misioneros, cooperantes y empresarios.
Pero sucede también -y esto es lo realmente novedoso- con delincuentes, condenados y gente de vida azarosa que han sido apresados o hallados en otros países o en otras provincias, y cuya suerte parece interesarnos más de lo debido, tal vez por aquello de que se trata de "uno de los nuestros".
La situación en España
El caso es realmente preocupante en España, pues este país dispone hasta de presupuesto oficial para "ayudar" a ciudadanos españoles que cumplen condenas penales en otros países, por crímenes generalmente espantosos. Nadie protesta por este hecho, entre otros motivos porque la opinión pública local tiene ya asumido que al ser atrapados y juzgados por "terceros países", los españoles son automáticamente inocentes de los cargos que se les formulan. Ni hablar de cuando el preso español está en una cárcel del tercer mundo, porque en estos casos la opinión pública da por sentado de que, además de inocente, el criminal español es víctima del mal funcionamiento de la justicia, de la venalidad de los jueces y de las mafias locales que captan a pichones extranjeros y los hacen pisar el palito.
Es preciso aclarar que no se trata aquí de presuntos inocentes, sino de personas que han sido condenadas de modo firme por tribunales de justicia de otros países.
Curioso es también que algunas causas perdidas de presos españoles en el extranjero sean defendidas por algunos medios de comunicación con el mismo y deportivo ardor con que en este país se defiende la virginal imbatibilidad tenística de Rafael Nadal o el virtuosismo rodante de Fernando Alonso.
La opinión pública española considera "aberrante" que un español que presuntamente ha violado y matado a una persona en los Estados Unidos transite el "corredor de la muerte". Pero si el mismo delito lo cometiera un ecuatoriano en territorio español, en donde no existe la pena de muerte, no vacilarían en pedir su aplicación, resucitando, si hiciera falta, las viejas leyes del franquismo.
A veces es imposible entender los motivos por los que la opinión pública española insiste en defender la inocencia de una mujer de esa nacionalidad que sustrajo a su hija menor para que su padre norteamericano no pudiera verla. Tal vez no se trate de un monstruoso delincuente sino de una persona simplemente equivocada, pero que a todas luces es culpable. Sin embargo, los medios españoles insisten en que la niña debe vivir con su madre en España y que al padre norteamericano y a sus leyes "que le den morcillas".
Los valores de la sociedad de origen son siempre "más valiosos" que los de la sociedad de destino.
En Salta
Aunque uno no lo crea, algo parecido a esto está sucediendo también en Salta, en donde basta con ver la preocupación de los diarios cuando una joven salteña es hallada ejerciendo la prostitución en un burdel de Santiago del Estero, o cuando estalla el caso de la "salteñita flagelada y abandonada en Tierra del Fuego", o cuando se descubre que un travesti salteño ejerce su oficio en un conocido lupanar de Villa Crespo.
Hablamos de contingencias que padecen a diario miles de salteños, pero que sólo son objeto de preocupación mediática, cuando estos salteños están fuera de su territorio, como si el estar fuera magnificara la gravedad del acontecimiento. Otra vez, los valores locales son más valiosos que los de las sociedades de acogida.
En tales casos, no sólo la prensa acude en auxilio de los salteñitos desventurados, sino también las fuerzas moralizadoras de la Policía local, que ya llevan varios salteños y salteñas "rescatados" de las garras de las mafias foráneas que trafican con personas, estigmatizando al traficante forastero y beatificando al traficado nativo, al que, por lo general pintan como un incauto o un inocente.
En este punto es ligeramente diferente el caso de la niña salteña maltratada en Tierra del Fuego, que es absolutamente inocente por supuesto. Pero no lo son ni las personas que la han acogido y maltratado, ni las que, facilitando su entrega irregular, han propiciado los malos tratos.
Aun así, existe una probabilidad bastante grande de que algunos de los emigrantes "hallados" en circuitos de droga, delito y prostitución, sean auténticos monstruos o personas a las que no se debería colgar, sin más, el cartel de "inocentes".
Si la niña salteña hubiera sido maltratada en su "cálida Aguaray" y no en Tierra del Fuego, probablemente nadie hubiera puesto el grito en el cielo, considerando especialmente que hablamos de una Provincia como Salta en donde algunos consideran "bueno" al trabajo infantil. Pero como la niña ha sido "flagelada" en la "gélida Ushuaia" y por forasteros, ha estallado el escándalo. ¿Quién se ocupa en Salta de los miles de niños que a diario sufren de malos tratos a manos de sus mayores? ¿Acaso debemos maltratarlos fuera de la Provincia para que alguien se sensibilice y reaccione?
Del mismo modo, si aquellas prostitutas, en vez de estar siendo explotadas en un burdel de Santiago del Estero, lo fueran en las cercanías de la calle Manuela G. de Todd, las autoridades no hablarían de "trata de personas" sino que mandarían a la brigada a reprimirlas a palo limpio, no sin antes intentar "arreglar por las buenas", es decir, a cambio de favores instantáneos. ¿Por qué perseguimos el tráfico de personas cuando los salteños y salteñas son sacados fuera de la Provincia? ¿Por qué no se persigue la trata interna y se descubre a personas traficadas que son oriundas de otros lugares? Tratándose de un delito que agravia la conciencia humanitaria universal, ¿Por qué la policía se ocupa sólo de rescatar a los salteños traficados? ¿Y los que no son salteños?
Si el travesti, en lugar de ejercer su oficio en el Hotel Gondolín de Villa Crespo lo hiciera en el Parque San Martín de Salta, esta es la hora en que nadie diría que "fue obligado a mantener relaciones sexuales con hombres". Hablarían de "degenerados" y de "profesión aberrante". ¿Por qué se persigue y criminaliza a los travestis internos y se protege y rescata a los travestis emigrados?
En suma, que si uno quiere labrarse un prestigio fuera de su tierra, tiene dos caminos: o ganar el Premio Nobel, o transitar los resbaladizos caminos del delito y la prostitución, en la seguridad de que, a la distancia, alguien siempre saldrá en su defensa.