Nadie piensa en Salta que la televisión es ya un medio en franco retroceso y que día tras día viene perdiendo adeptos y horas de visionado, a manos de Internet y de otras formas de ocio audiovisual como el "cine en casa". Tal vez en Salta, por aquello de la pobreza, la realidad vaya en sentido inverso. Pero para ir en contra del mundo, para eso tenemos a nuestro gobierno.Resucitar la televisión por aire es como si a alguien se le hubiera ocurrido, a la vista del enorme avance tecnológico de los modernos coches, pelearse por una licencia para volver a fabricar los Ford Falcon de la década de los años setenta.
Nadie habla en Salta de estándares de Televisión Digital Terrestre, ni de televisión de Alta Definición. La pelea es por tener un "canal de aire" por VHF, sólo porque se trata de un sueño atrasado unos cuarenta años.
Al paso que vamos, no sólo el que pueda sino también el que quiera podrá tener su canal de aire en Salta. Cualquier persona que esté en disposición de la tecnología suficiente para producir vídeos para Youtube (un celular con cámara) puede, en teoría, tener un canal de televisión. Tan sólo le falta que su sus señales de audio, vídeo y chroma sean moduladas como corresponde por un transmisor de unos cuantos vatios y un dipolo que bien podría instalar en el fondo de su casa. Algunos se creen que con esto han tocado el cielo con las manos.
La televisión es en Salta sinónimo de imagen, pero no de líneas entrelazadas o progresivas, sino imagen de personas y de productos. Los que sueñan con tener un canal de televisión tienen atravesado en su cerebro la idea monográfica de que la televisión es la que convierte a un oparrón en líder y transforma sus operías en "propuestas para la comunidad". Son ideas-milagro que vienen dando vueltas hace treinta años y que ahora parecen recobrar verdor a pesar de la enorme diversificación de las tecnologías de la imagen y la comunicación.
Algunos piensan ingenuamente que tener un canal de televisión propio le reportará los mismos o aun mayores beneficios que hace veinte años acarreaba el poseer una FM o un pasquín semanario de ínfima calidad. Son los genuinos mediópatas salteños, las versiones castradas del exitoso e irrepetible don Roberto Romero; aquellos que no saben hablar, bien por cuestiones cerebrales profundas, bien por tener una chancaca atravesada entre los dientes, que lucen como rococos satisfechos, encantados de conocerse, pero que aun así están dispuestos a librar "la batalla por la imagen".
En Salta se multiplican las webs, las radios y ahora las televisiones, pero se mantiene estable el índice de inteligencia colectivo. No hay más inteligencia que la disponible socialmente para emplear en estos nuevos medios, de modo que "no hay para todos". Habrá, eso sí, pequeños "Licenciados en Comunicaciones Sociales", eternos candidatos al desempleo, que saludarán con alborozo el que existan "más medios" en Salta. Lo que quiere decir que habrá más gente encantada de que se abran para ellos nuevas oportunidades de explotación laboral, de descualificación profesional y de miseria intelectual, a cambio de salarios que se hallan tres veces por debajo de la línea de subsistencia o, a veces, a cambio de un choripán.
Más televisión en Salta no traerá ni más progreso ni más bienestar. Sólo más confusión, más monopolios, menos pluralismo, menos libertad para los ciudadanos y menos calidad de contenidos. Esto quiere decir que nos espera más manipulación política, más dinero negro, más insultos, más intolerancia, y, sobre todo, menos oportunidades de pensar libremente.