Opinión


¿Quién representa la oposición en Salta?

(Pequeño aporte para construir una alianza electoral perdurable a las apuradas)

Alos efectos de las reflexiones que siguen, parto de tres presupuestos implícitos, que conviene exponer: 1º La Argentina es un país pluripartidista; en tiempos electorales las distintas expresiones políticas se mimetizan en un bipartidismo de hecho alrededor de dos grandes partidos históricos, PJ y UCR (aunque por estos días no se sepa con exactitud qué cosa es cada cual, dicho esto sin ánimo de agravio sino como mera constatación de la realidad), e independiente de su verdadera representatividad, grado de movilización y nivel de propuestas. Gustavo Barbarán2º Las próximas elecciones son legislativas y, por ende, el electorado tiende a darse el gusto de votar un poco más por las convicciones que por descarte o por un mal menor. 3º El gran adversario es el kirchnerismo y sus adyacencias. La Nación se halla en un nivel de exasperación social pocas veces visto, tanto que un alto porcentaje de la ciudadanía  asumió la necesidad de castigar en las urnas al principal responsable del estado de cosas. 

Podría agregar una cuarta nota, referida a la significancia local de las próximas elecciones en tanto se presenta otra oportunidad de modificar la representatividad política en Salta, gobernada desde hace catorce años por un partido prebendario, que ha utilizado los recursos públicos para sostener su aparato de campaña, que anquilosó el debate político con la suma del poder público, que usa una mayoría legislativa automática que hará transpirar de rubor a los historiadores cuando investiguen los libros de sesiones. (Muchas veces me pregunto si esa dirigencia está consciente del daño histórico que ha ocasionado ese estilo. Obvio que rescato a muchos de los que han planteado batalla de ideas). El actual equipo de gobierno ganó las elecciones de 2007 prometiendo un cambio que hasta ahora no ha llegado. No habrá cambio posible si no varían las mayorías y minorías y entramos a pensar la provincia desde otra perspectiva estratégica, en los umbrales de los Bicentenarios.

Es frecuente que la gente común reclame en casos como el actual “¿Porqué no se une toda la oposición?”. ¡Ah, si supiera cuán difícil es juntar aserrín con pan rallado! Pese a que -como dije- en las elecciones suelen agruparse distintas fuerzas políticas alrededor de un convocante, en el fondo hay poca reflexión acerca de cómo, porqué y para qué hacer un frente electoral, que además sea programáticamente serio y no mera retórica para cumplir exigencias de los juzgados electorales. En tanto observador, me impactó la junta del PV (rama del PJ, en esencia) con el PRS. La teoría siempre ha señalado que un frente tiene razón de ser y se potencia cuando se conjugan visiones distintas. Hoy sigo pensando que se necesitan pese a todo, aunque dicen los bien informados que esa alianza está quebrada. Tal vez  ocurrió porque no cuajó en un programa políticamente sustentable, más allá de la sana vocación de cambios -que no hubo, insisto- en el modo de concebir la política en Salta. Las votaciones de los legisladores del PRS en el Congreso Nacional son la clara demostración, más allá de la honestidad de cada voto, que descarto. 

Y acá llegamos, entonces, al punto: ¿quién conduce o debiera conducir la oposición en nuestra provincia? ¿Qué grupo o personas están en condiciones de constituirse en núcleo duro que la vertebre, una los cabos sueltos y atraiga a los desilusionados? En mi modesta opinión, nadie. Si hubiera un gran convocante, los partidos de oposición estarían militando en plenitud, no vagando por el desierto. Todos los que podríamos aspirar al liderazgo somos (me incluyo, en tanto dirigente de un partido) responsables del estado de cosas, en mayor o menor proporción, por acción u omisión. De modo que un baño de humildad y patriotismo -¿cómo “qué es eso”?- no le vendría mal a la ética política. Partiendo de esa base, nada más útil que un diálogo franco y descarnado cuando se tienen los tiempos en contra. La maniobra de adelantar y desdoblar las elecciones encontró a la oposición salteña de centro y centroizquierda (por sigla y en orden alfabético) ARI, MID, PPS, PS y UCR con la brújula desmagnetizada. Un cronograma despiadado obliga a acelerar conversaciones para acordar términos razonables y parejos. En tal sentido no hay margen para diplomacias secretas ni especulaciones subalternas, aún concediendo como Ortega y Gasset hacia 1927 en “Mirabeau o el político”, que la política es arquitectura y ésta incluye a los sótanos. Construir una coalición seria, con ideas  claras y propuestas superadoras, con personas de buena voluntad que se anuncia desde distintos sectores políticos y sociales, que verdaderamente ansían cambios, puede tener una proyección inusitada en vistas de la renovación de 2011; eso se logrará aplacando las apetencias personales y un ventajismo pusilánime. ¡Cuidado: la ciudadanía observa con atención!