Opinión


Medidas urgentes

Con la cesación de la puja electoral y clarificada que fuera la nueva distribución de los roles institucionales básicos (quién gobierna, quién controla), se abre un nuevo turno político en Salta. Una etapa en la cual, como sucede en todas las democracias, el Gobernador define sus equipos y sus prioridades. El gobernador electo junto al gobernador saliente

1. Tiempos de mudanza


En lo que se refiere a la definición de equipos para gobernar (pero también para ejercer como opositores), hay que esperar, atendiendo a las especiales circunstancias políticas salteñas, re-alineamientos de legisladores locales y de otros cargos políticos dentro del espacio donde se mueven los poderes públicos (los Intendentes, por ejemplo).

Estos acomodamientos, inevitables tras el largo tiempo que duró el Sultanato salteño, serán también consecuencia de la crisis por la que atraviesa, en el espacio más amplio de la Nación, nuestro sistema de partidos políticos.

Ciñéndonos al ámbito local, pienso que nos será dado contemplar tanto giros oportunistas como traiciones abiertas y “pases de factura” y que estos habrán de afectar al otrora monolítico conglomerado que generó y dio sustento el régimen que acaba de ser electoralmente derrotado.

Adviértase, sin embargo, que no todos estos cambios en el mapa político local tienen la misma legitimidad política ni merecen el mismo calificativo moral. Con el propósito de contribuir a clarificar el panorama, podríamos distinguir tres tipos de comportamiento en el terreno que aquí interesa.

Aparecen, en primer lugar, los giros provenientes de sinceras autocríticas, aquellos otros dictados por la sana intención de favorecer la gobernabilidad de Salta, o incluso aquellos que tienen por fundamento armonizar los intereses municipales con las políticas provinciales.

El segundo conjunto incluye los re-alineamientos producto de la previsible descomposición del régimen anterior. Como enseña CHATEAUBRIAND; "la fortuna adversa trae consigo las traiciones y no las justifica".

Se trata de mudanzas que, de merecer algún reproche moral, lo será principalmente dentro de los códigos de lealtad consagrados por quién lideró la mayor acumulación de poder personal que recuerde la historia salteña. La ciudadanía seguramente despreciará a los borocotós locales, pero le es ajeno el régimen de castigos directos. 

Este intento de clasificación de comportamientos sería incompleto si omitiera un casillero especial para los típicos actos de venalidad; es decir de giros políticos dictados por el perverso designio de obtener ventajas personales a partir del abandono del barco derrotado.

Pero hay un último grupo tan deleznable como el anterior. Es aquel que reúne a los que cambian de posición respondiendo a maniobras explícitas del nuevo orden gobernante. Al respecto no cabe sino esperar que el señor Urtubey rechace categóricamente este modo viciado y antirrepublicano de sumar voluntades.

Queda para otra oportunidad el análisis de los re-alineamientos que habrán de producirse, inexorablemente, en el espacio de los actores privados que, de una u otra manera se relacionan con el Estado Provincial. Y no me refiero aquí a los representantes de los beneficiarios de las políticas sociales ni a los sindicatos, sino a los intereses específicos que tienen negocios (unos lícitos y otros no) con la Provincia.

Se trata, como se sabe, de un espacio inmenso (en magnitudes salteñas) que creció al amparo de la política presuntamente liberal del Sultanato. De un entramado complejo y opaco, que en ciertas áreas (las finanzas, por ejemplo) llegó a desbordar el ámbito provincial, y en donde se entrecruzan intereses públicos con intereses privados, dentro de los cuales se cuentan, como no, los de determinados personajes políticos.

2. Las prioridades


La definición de cuáles hayan de ser los objetivos centrales y las primeras medidas de la nueva gestión es, desde siempre, asunto de extrema complejidad.

Y lo es en nuestro caso porque el nuevo Gobernador, mientras duró la enconada campaña electoral, no ha tenido materialmente tiempo para dar forma a sus intuiciones ni a sus ideas generales sobre cómo transitar hacia el cambio que prometió a los salteños.

Mas allá de este dato, lo cierto es que mientras conforma sus equipos y estructura su Plan de Gobierno, el señor Juan Manuel Urtubey estará obligado (por imperativo de la realidad política y de la lógica que rige el arte de gobernar) a adoptar medidas urgentes, sin que el calificativo de urgente autorice la improvisación.

Como se sabe, estas primeras medidas marcan rumbos, muestran el camino, definen un estilo. Todo ello sin olvidar que hay un cierto tipo de decisiones que solamente pueden tomarse dentro de los primeros cien días desde la asunción del cargo.

Hay que dar por descontado que el núcleo duro del poder desplazado del Gobierno (un núcleo integrado por medios de comunicación, intereses económicos, y sólidos resortes político-partidarios, y que sólo conoce la lógica del poder sin principios ni valores), maniobrará para instalar la agenda de prioridades mas acorde con sus designios.

Hechas estas advertencias preliminares, es tiempo de identificar aquí, desde la particular óptica de este Instituto, algunas de las medidas urgentes que debería de adoptar el nuevo Gobierno:

  • - Moratoria en los desmontes de bosques nativos
  • - Automatización de las ayudas sociales y de la distribución de fondos a los municipios
  • - Reglas para la distribución transparente de la publicidad oficial de modo de promover el pluralismo y la libertad de expresión
  • - Urbanización básica de los asentamientos que rodean a las grandes ciudades salteñas.
  • - Despolitización de la Justicia.
  • - Promoción de todas las instancias de control del poder, garantizando su independencia.
  • - Creación de una comisión de expertos multipartidarios para la reforma política.

Y, como si todo esto fuera poco, el nuevo Gobernador deberá dar rápidas y palpables muestras de que su apuesta por la austeridad republicana es más que un gesto de campaña.