Opinión


Lomos de burro, cerebros de avispa...

Lomos de burro como pasos sobreelevados de peatonesHace algunos días, mientras circulaba por los aledaños de la calle Pedernera de la ciudad de Salta y mi coche rebotaba una y otra vez contra las imperfecciones del pavimento urbano, escuchaba por la radio una entrevista al señor Gerardo Montaldi, responsable -para bien y para mal- de la circulación vial en la ciudad de Salta. Hace tiempo que no experimentaba el placer de escuchar su verba campechana y profunda. La verdad es que me hizo mucha gracia escuchar su relato de un operativo que tuvo que cumplir en La Silleta, adonde se había dirigido para practicar un análisis de alcoholemia a unos accidentados. "Todavía no había llegado al vehículo, y hasta yo ya estaba machao", dijo Montaldi para dar a entender que los accidentados estaban "hasta l'aca".

Lo que me llamó la atención del relato, más que el realismo etílico y el uso de los regionalismos, fue que Montaldi debió practicar, en persona, pruebas de alcoholemia fuera de su jurisdicción, que, como todo mundo conoce, se limita al municipio de la ciudad de Salta.

¿Qué hacía Montaldi en la Silleta? Es muy probable que el "municipio capitalino" tenga concertado con otros menos pudientes la practica de estas pruebas, pero de allí a que las mismas deban ser realizadas por el mismísimo director (y no por un agente de tránsito cualificado), hay una cierta distancia.

Quienes menos simpatizan con el orondo señor Montaldi sostienen que su vocación expansiva de poder le empuja a ejercer como una especie de director provincial de tránsito, lo que frecuentemente le provoca conflictos con la autoridad policial centralizada.

Pero para los ciudadanos normales, peatones y motorizados, Montaldi es el responsable de haber inventado la política de los obstáculos a la circulación. Mientras las ciudades más importantes del mundo luchan por dar fluidez al tráfico urbano, Salta parece ir -de la mano de Montaldi- en dirección contraria.

¿Qué podría llegar a interpretar un turista holandés que visita Salta cuando se enfrenta a una señal que pone "Zona de lomadas"? ¿Pensará que se está aproximando a la Provincia de Entre Ríos o quizá que pronto cambiará el paisaje urbano por el de unas suaves serranías?

Montaldi (porque no creo que haya sido otro) ha bautizado como "zona de lomadas" a un infeliz obstáculo vertical construido sobre la calzada para limitar la velocidad, pero se ha esmerado en anunciarlo mediante una señal que no encuentra par en casi ningún lugar del mundo civilizado. Se les suele denominar "lomos de burro", pero muchos ya piensan que se trata de "cerebros de burro".

Una normativa para los "guardias dormidos"


En España -país en el que he vuelto a tomar el volante después de rebotar en los burros de Montaldi- existe desde hace unos tres meses, más o menos, una normativa de ámbito estatal que regula con minucioso detalle las características de los llamados "badenes", "guardias dormidos" o "reductores de velocidad", que son -al cambio- los parientes ricos de las prosaicas lomadas de Montaldi.

Quizá nuestro vociferante director municipal pueda tomar buenos apuntes de esta normativa y ayudar a erradicar de Salta esos obstáculos agresivos, que apenas si se ven pero que se sienten de una forma estruendosa, aun a velocidades mínimas. Una buena planificación permitiría al mítico "Bafle" congraciarse con automovilistas, peatones, motoristas y personas con discapacidades motrices, de una sola vez.

En España, los "guardias dormidos" son "pasos de peatones elevados" (o pasos de cebra). Es decir, que cumplen dos funciones: ayudan a reducir la velocidad de los vehículos, y permiten a los peatones cruzar las calles.

En Salta, sucede todo lo contrario: los "lomos" están mayormente lejos de los pasos peatonales, y éstos son entre nuestros comprovincianos una suerte de "palabras para la meditación", es decir, que nadie les hace caso.

Pero como Montaldi y su tropa lo que quieren es cambiar el curso de los acontecimientos, habrá que obligarles a formular una política de protección al peatón, comenzando por hacer primar sus soberanos derechos frente a la omnipotencia de las 4x4 y las Chevrolet S10.

La normativa española clasifica a los reductores de velocidad (RDV) en dos tipos: el paso peatonal sobreelevado y los «lomo de asno» (montaldismo puro). Los primeros estarán formados por una estructura trapezoidal hecha de hormigón o con material asfáltico, una longitud máxima de cuatro metros, una altura de unos 10 centímetros y las rampas de cada lado tendrán entre 1 y 2,5 metros según sea la velocidad de la zona. La rampa más corta, y por tanto con más pendiente, corresponderá a zona donde no se puedan superar los 30 kilómetros por hora. Por su parte, los llamados de «lomo de asno» serán una estructura semicircular, fijada o construida sobre la calzada, y con una altura máxima de 7 centímetros.

Los pasos peatonales sobreelevados sirven también para eliminar barreras arquitectónicas, pues al colocarse a la altura de las aceras, las personas impedidas no tienen el obstáculo del "cordón de la vereda". Es decir, tres pájaros de un solo tiro.

Para instrumentar en Salta una solución civilizada como ésta, Montaldi deberá reformular su política de "sendas peatonales en las cuatro bocacalles". De mantenerse este criterio, los pasos sobreelevados serían imposibles. Es necesario concienciar a funcionarios y a usuarios de las vías de que las personas deben cruzar las calles sólo por dos de las cuatro prolongaciones de aceras.

Otro día abordaré aquí los pro y los contra de la política de semaforización masiva que ha convertido a Salta en la capital mundial de los frenazos tardíos.