
De hecho, son tan diferentes en este caso, que uno es juez y el otro es cliente de la justicia, al menos por el momento, y a resultas de lo que se decida en el juicio que acaba de abrirse contra él.
Es decir, están a uno y otro lado del mostrador, o del confesionario, según se prefiera.
Tal vez haya algunos centímetros de diferencia (no muchos) en el diámetro orbital de la cintura de cada personaje, pero entre la calva reluciente y la barba blanca al estilo Rasputín que ambos portan, cualquiera se confundiría si de casualidad se los encuentra en los pasillos de los juzgados.
Otra diferencia es que Bonadio -siempre raudo y veloz- acostumbra a portar carpetas y carteras en sus carreras escaleras abajo de Comodoro Py, mientras que el sacerdote, de andar más pausado, va por lo general con las manos por delante y las palmas vueltas hacia arriba, pero no en actitud de cristiana súplica (que tal vez) sino más bien porque sus malévolos cancerberos lo mantienen rigurosamente esposado.