
Las que creyeron que el gobernador Juan Manuel Urtubey era pro choice se confundieron. Los disfraces sirven precisamente para eso: para que la gente se confunda sobre la verdadera identidad de quien lo porta.
Lo ha confirmado el discurso pronunciado ayer por el presidente de la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes de Salta, señor Francisco Aráoz, durante las celebraciones oficiales del 17 de Junio.
Amparado en su derecho constitucional a la libertad de expresión, como el ciudadano raso y normal que es, el señor presidente de los gauchos ha empleado -desde una tarima pública y sin contradictores a la vista- el tiempo que debía dedicar a la exaltación de la gloria de Güemes en lamentar los festejos populares de los otros días del proyecto de ley de despenalización del aborto en la Cámara de Diputados de la Nación.
Según el diario El Tribuno de Salta, en un pasaje de su patriótico discurso, el señor Aráoz ha dicho: «Hace pocos días se festejaba como si fuese un partido de fútbol la media sanción de la ley del aborto. Se festejaba como si fuese un partido que íbamos a decidir sobre la vida de otros».
El caso es que, sin quererlo, el jefe de los gauchos de Salta ha dejado abrochado al gobierno de Urtubey en una cuestión tan espinosa como esta, en la que -como se recordará- el Gobernador de Salta ha cambiado una y otra vez de opinión, para despistar a los ciudadanos e intentar que la marea de pañuelos verdes no termine de hundirlo.
De hecho, pocos días antes del memorable discurso del presidente gaucho, la asociación que preside recibió una jugosa subvención del gobierno, de más de 20.000 dólares, para ayudar a sufragar los gastos de la fiesta. Se entiende pues, que el gobierno de Urtubey -con dinero de todos los salteños, antiabortistas y pro choice- se despachara en contra del proyecto de ley.
Al señor Aráoz no le importó que la coiffure de sus caballos fuese pagada con dinero de las mujeres (y de los hombres) que se partieron el alma para conseguir la aprobación del proyecto. Lo mismo arremetió contra él.
De alguna manera, su discurso dejó bastante claro que lo de los gauchos es una permanente insumisión a los poderes federales. Hace poco más de un año, su antecesor en el cargo, el gaucho Diez San Millán amenazó con un «alzamiento en armas» si el Senado de la Nación no convertía en ley el proyecto para hacer del 17 de Junio feriado nacional. Y hace poco, los gauchos -con el guiño cómplice del gobierno provincial- orquestaron una campaña para borrar los pañuelos blancos pintados en los lugares públicos a modo de rechazo y recuerdo de los crímenes de la última dictadura militar.
Pero, lejos de lo que se pueda suponer, el presidente de los gauchos le ha hecho un enorme favor a la transparencia democrática y a la sinceridad política de Salta, al permitir a los ciudadanos ver, sin filtros distorsivos ni iluminación deficiente, una realidad escondida: el carácter ultraconservador de un Gobernador que mientras se disfraza de progresista para caerle bien a las feministas de Buenos Aires, se echa la mano al bolsillo para pagar la fiesta sin límites de unos gauchos, que hubieran celebrado como si fuese un partido de fútbol si los diputados antiabortistas hubieran ganado la votación.