Bicentenario del nacimiento de Carlos Marx: cinco de sus conceptos clave

  • Se cumplen hoy los doscientos años del nacimiento de quien está considerado como 'el mayor teórico que hayan tenido jamás las revoluciones'. Su influencia ha sido enorme en el desarrollo de las ciencias sociales y en todo el devenir histórico del siglo XX.
  • Un aniversario que recorre el mundo como un fantasma
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El autor de El Capital e inspirador del comunismo nació tal día como hoy, hace 200 años, el 5 de mayo de 1818, en la ciudad de Tréveris, ubicada en Alemania, cerca de la frontera con Luxemburgo.


El filósofo, sociólogo y politólogo francés Raymond ARON dijo alguna vez que «una de las cualidades de la obra de Marx es que puede ser explicada en cinco minutos, en cinco horas, en cinco años o en medio siglo».

Conocido especialmente por su descripción del funcionamiento del capitalismo, «el mayor teórico que hayan tenido jamás las revoluciones», según Hannah ARENDT, tuvo una gran influencia no solo en el desarrollo de las ciencias sociales, sino también en todo el devenir histórico del siglo XX. Muchos de los movimientos revolucionarios de esta centuria han reclamado sus raíces en el marxismo.

Carlos Marx habría apagado 200 velas este sábado y aunque su influencia teórica ha sufrido notables desgastes por la evolución del capitalismo y la transformación de la clase obrera, las cinco ideas principales de quien es considerado uno de los pensadores más famosos de la historia contemporánea, conservan su vigencia y su actualidad.

La lucha de clases

«La historia de toda sociedad hasta nuestros días no ha sido más que la historia de la lucha de clases», escribía el pensador alemán junto a su amigo y protector Friedrich ENGELS, en el Manifiesto del Partido Comunista, en 1848. Para Marx, en todos los sitios y épocas existe una oposición entre los trabajadores y aquellos que detentan el capital y/o los medios de producción. Esta inequidad genera inevitablemente un conflicto que llama «de clases», que opera como el motor positivo de la historia. En la sociedad capitalista, los proletarios buscan irremediablemente, a través de la revolución, suprimir la relación de dominación por parte de su antagonista, a fin de fundar una sociedad justa.

La dictadura del proletariado

No fue sino hasta 1850 que Marx selló el destino común de estas dos palabras, que ya juntas fueron agitadas de otra forma desde la Revolución Francesa y que terminaron marcando más de 150 años de teoría comunista. La dictadura del proletariado es la fase de transición de la sociedad del capitalismo al comunismo. En este intervalo entre los dos momentos de la historia, que es, por defecto, socialista, el Estado se mantiene temporalmente. El proletariado toma el poder y lo usa para aniquilar el de la burguesía. La «dictadura del proletariado» proclamada por los bolcheviques en 1918 está en el corazón del ejercicio del poder por parte de Lenin. Este concepto teórico justifica la deriva autoritaria marxista-leninista que comenzó después de la Revolución de Octubre.

El comunismo

Carlos Marx es el autor, junto con Engels, del Manifiesto del Partido Comunista, publicado en 1848, en el momento de la Primavera de los Pueblos en Europa (un conjunto de revoluciones a menudo decisivas que afectan a varias monarquías europeas). El texto se hizo famoso solo desde 1872, para finalmente imponerse en el siglo XX como uno de los cánones del bloque oriental. Para Marx, se trata de oponerse al socialismo, considerado utópico, incluso burgués o reaccionario, y de explicar el advenimiento de una sociedad justa después de la victoria del proletariado en la lucha de clases.

Los pilares de este comunismo son la abolición de la propiedad privada y la culminación de la dictadura del proletariado en una sociedad sin clases y sin Estado. «En lugar de la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surge una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos», predicen Marx y Engels. Pero en realidad, el fin de la propiedad privada ha dado como resultado millones de muertes, especialmente durante la colectivización forzada bajo Stalin en la URSS y la dictadura de Mao en China.

El internacionalismo

«Proletarios del mundo, ¡uníos!», la famosa conclusión del Manifiesto sienta las bases para una primera estructura política más allá de las fronteras de las naciones y los Estados. Este grito de guerra internacionalista se convertirá en la moneda de la URSS y resonará durante décadas entre los más desfavorecidos, que son conscientes de la similitud de sus reivindicaciones de un país a otro. Esta idea se encuentra en el corazón del internacionalismo soviético, que une el destino de países tan geográficamente distantes como Vietnam y Cuba, o en la orientación marxista de grupos tan diferentes como las FARC colombianas, el Partido de los Trabajadores Kurdos o los movimientos altermundialistas.

El opio del pueblo

Según Carlos Marx, la religión es solo un derivado que permite a los explotados olvidar su miseria y puede ser utilizada por los poderosos. De ahí su famosa expresión, extraída de la Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, publicada en 1844, que compara la religión «con el opio del pueblo». En esto, Carlos Marx es un defensor del ateísmo, sin hacer del él un dogma.

Pero esta tesis marxista se radicalizará en la Unión Soviética como en muchos otros países de inspiración marxista. Religiosos muertos, deportados creyentes, lugares de culto destruidos, instituciones religiosas puestas al servicio del Estado: se destruye la competencia ideológica. Para Marx, sin embargo, la alienación religiosa era solo un elemento, entre otros, que explicaba la esclavización del proletariado. Y probablemente se sorprendería al ver cómo su fórmula fue interpretada en la práctica.

Fuente: Europe 1
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