
Diana Spencer, princesa de Gales, fallecía tal día como hoy de 1997 en el túnel del puente del Alma, en París. A pocos metros de ese lugar, sobre la superficie, se encuentra la Llama de la Libertad, monumento erigido en 1987, que se ha convertido en un monumento no oficial a la memoria de la ilustre fallecida.
En el mismo accidente fallecían su chófer Henri Paul y su pareja, Dodi Al-Fayed.
La muerte de Diana conmocionó al mundo. No solo por su juventud (36 años) ni por tratarse de la madre del futuro rey de Inglaterra sino por las sospechas de conspiración y el misterio que todavía hoy rodea al suceso.
La investigación oficial, finalizada 11 años después del accidente, concluye en que Diana, su chófer y su novio fallecieron en un accidente de coche provocado «la conducción extremadamente peligrosa de los vehículos» y por el acoso de paparazzi.
Antes y después de estas conclusiones, Mohamed Al-Fayed, el padre de Dodi, que hoy tiene 88 años, ha peleado sin tregua por demostrar que la muerte de su hijo ha sido fruto de una conspiración.
Hace algún tiempo la Policía británica asombró al mundo afirmando que estaba investigando nuevas informaciones sobre el trágico accidente. Aunque las autoridades insistieron en que no tenían previsto reabrir el caso, las especulaciones sobre la muerte de Diana han reavivado el interés por el mito.
Mientras tanto, el recuerdo de la princesa sigue vivo y su figura generando polémica y admiración por partes iguales. Hoy es el mal estado de su sepultura y la llegada al mundo de sus nietos lo que destacan las portadas digitales en el 20º aniversario de su fallecimiento.