
El Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, ha confirmado a una emisora de radio de la ciudad de Salta que finalmente su boda con la actriz Isabel Macedo no será religiosa, pero que, ante la imposibilidad de recibir el sacramento, un sacerdote católico bendecirá los anillos de la pareja.
Urtubey no ha desvelado la identidad del sacerdote, pero dada la alta investidura del contrayente se da casi por hecho de que el elegido será un hombre de la más estrecha confianza del Arzobispo de Salta, quien, por motivos que se intuyen bastante obvios, no asistirá formalmente a la ceremonia civil.
Una vez conocido el detalle de la bendición (una especie de Plan B para los que se hallan en off-side respecto de las normas de la Santa Madre Iglesia), muchos se han dado a la tarea de investigar quién será el valiente religioso que, desafiando abiertamente los criterios de los obispos argentinos para integrar a los divorciados en una nueva unión, se hará presente en la ceremonia civil, bendecirá los anillos y, eventualmente, también a la pareja novios.
El elegido sabe que su nombre quedará inscrito en la historia con letras de fuego, ya que en una clara señal de apertura y progresismo, el sacerdote se animará a esparcir agua bendita sobre quienes, a primera vista, aparecen incursos en el punto número 7 de los antedichos criterios por:
1) Tratarse de una nueva unión que viene de un reciente divorcio (la sentencia judicial que declara disuelto el anterior vínculo civil del Gobernador de la Provincia es sumamente reciente);
2) Haber la pareja hecho una suerte de apología u ostentación de la propia situación, cual si su unión «fuese parte del ideal cristiano» (el hecho mismo de la bendición de los anillos así lo confirma).
Descartada la posibilidad que semejante responsabilidad sea asumida por el sacerdote oficialista y excandidato a diputado provincial, Jorge Crespo, las quinielas se inclinan hacia los curas que habitualmente prestan servicios bendicionales al gobierno provincial, aunque no se descarta de ningún modo que el histórico encargo recaiga sobre un cura perteneciente a otra jurisdicción obispal, teniendo en cuenta que el titular de Arquidiócesis local -según se afirma en los pasillos del gobierno- tiene el asunto, no solo conversado, sino también «atado y bien atado» con sus colegas obispos de otras partes del país.
Lo que es casi seguro es que, aunque lo deseaba íntimamente, no podrá pronunciar «The Final Benediction» el anterior Vicegobernador de Salta y representante de Iglesia Ortodoxa chipriota, don Miguel Andrés Kostas Zottos.
En los pasillos romanos
Como se comenta en Roma por estos días, «Cargnello ha adelantado a Bergoglio por la izquierda».Lo ha hecho, según dicen, al haber autorizado el prelado salteño (aun antes de que el Papa hiciera pública su intención de flexibilizar las posturas de la Iglesia en relación con la admisión de los divorciados que se han unido a otras personas) la entrada de la pareja, como tal pareja (incluso tomados de la mano) al templo; y al haber tolerado también (con una amplísima sonrisa pastoral, reveladora de una emoción mística pocas veces vista) que a la Procesión del Milagro -una celebración religiosa, que no es de Estado- asistiera en primera fila el Gobernador de la Provincia acompañado muy estrechamente por su nueva novia, teniendo el mandatario un matrimonio canónico anterior todavía en vigor.
Es de esperar que cuando llegue el solemne momento de bendecir los anillos, al sacerdote elegido no le tiemble la mano que agita el aspersorio, cosa que podría llegar a suceder si el benedictor recuerda súbitamente lo que dice el punto 1650 del Catecismo de la Iglesia Católica: «Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios».
