
Las crónicas de la época dan cuenta de que un concejal de la ciudad brasileña de Esperantina propuso en 2001 al Ayuntamiento de su ciudad instaurar el Día Internacional del Orgasmo Femenino, alarmado por el dato, procedente de un sondeo, de que el 28% de las habitantes del Estado de Piauí no alcanzaban habitualmente el clímax.
Aunque la iniciativa tuvo que vencer en un primer momento la resistencia de los sectores más conservadores, la celebración siguió convocando cada año a expertos con el objetivo de mejorar los conocimientos anatómicos, las técnicas de estimulación y la comunicación de pareja para terminar con aquella anomalía.
Un cambio político ocurrido en 2005 permitió oficializar la fecha y, aunque hasta el momento ninguna agencia de Naciones Unidas la respalda, los expertos coinciden en que el éxtasis sexual es un formidable disparador de buenas sensaciones, tanto para la mente como para el cuerpo. Durante un tiempo que varía entre los 3 y los 30 segundos, el organismo relaja la tensión acumulada en la fase de excitación y libera gran cantidad de hormonas relacionadas con el bienestar, por lo que combate el estrés y el insomnio, calma los dolores, previene la depresión y, gracias a la activación de la circulación sanguínea, mejora la piel.
Sobre el placer femenino siempre se ha tejido mitos y leyendas, quizá porque quienes hablaban con más frecuencia de él eran hombres. A mediados del siglo XIX se consideraba que el orgasmo era un remedio eficaz para curar la enfermedad de la 'histeria' –que hoy sabemos inexistente–, de modo que los médicos 'aliviaban' a sus pacientes con un tratamiento eufemísticamente llamado «masaje pélvico». Tanto trajín manual resultó extenuante para los facultativos más visitados y, por ello, en 1870 se inventó el primer vibrador eléctrico.

Entonces llegó Sigmund Freud para decirles a las mujeres que lo 'normal', pasada la adolescencia, es alcanzar el éxtasis mediante la penetración, pese a la machacona evidencia de que, para la gran mayoría, la cópula no es la práctica más satisfactoria.
La distinción entre orgasmo vaginal y clitoridiano está hoy superada. Masters y Johnson pusieron las cosas en su sitio en 1966 tras estudiar 10.000 actos sexuales, tanto solitarios como en pareja: la respuesta fisiológica es la misma sea cual sea la zona estimulada. Muchos especialistas aseguran que el famoso 'punto G' es, en realidad, parte del clítoris, una compleja estructura erógena con más de 8.000 terminales nerviosas y ramificaciones dentro de la vagina de la que solo se muestra al exterior un pequeño botón.
La celebración internacional de hoy intenta desmitificar el orgasmo femenino y abolir el discurso sobre el placer femenino que pone el acento sobre su carácter 'misterioso', 'complejo' o 'esquivo'.