El gobierno de Salta pierde el rastro del virus y abre las puertas a la tan temida ‘circulación comunitaria’

  • Cuando en Salta se ha superado el centenar de contagios acreditados por pruebas de laboratorio, el gobierno provincial y su todopoderoso comité de emergencia se han convertido en una coladera.
  • Avance incontenible de la pandemia

Mientras algunos portavoces del gobierno insisten en que la rápida multiplicación de los casos no supone que estemos en presencia de la repetidamente negada «circulación comunitaria», otros -como el gerente del hospital del Milagro- dan a entender que Salta ha entrado de lleno en esta fase crítica en la que el seguimiento estrecho de la cadena de contagios se vuelve casi imposible.


El propio gobierno ha cambiado de estrategia, pues ha pasado de los controles policiales y la «cacería humana del portador» a la práctica de pruebas masivas en barrios sospechosos de circulación comunitaria. A la desesperada, el gobierno de Salta ha salido a frenar la pandemia casa por casa, como último recurso.

La súbita aceleración de la propagación del virus, no solo amenaza la salud de una parte importante de la población salteña, sino que amenaza también con dejar sin trabajo a los «cazadores de infectados», como los fiscales penales, tanto provinciales como federales, que durante los cuatro meses pasados se hicieron un festín empapelando a enfermos como si fuera un deporte de alta competencia.

La situación es grave, no solo porque el gobierno y el COE son hoy un mar de dudas, sino porque no está muy claro cómo van a responder los hospitales de la Provincia, a pesar de que han tenido cuatro meses largos de preparación.

Cuando el gobierno habla de «relajación» se refiere a los ciudadanos pero nunca a sí mismo. En estos momentos son los ciudadanos los que pueden hablar de la «relajación» del gobierno y de su falta de acierto, ya que si se ha producido la circulación comunitaria a pesar de la extraordinaria dureza de las medidas restrictivas de las libertades que pesan sobre los salteños, es porque el gobierno ha abierto la mano prematuramente y cedido a las presiones sectoriales para reactivar la economía, y lo ha hecho sin rigor, sin una planificación metódica y sin capacidad científica.

Días atrás, la ministra de Salud, Josefina Medrano de la Serna ha dado a entender que Salta debe prepararse para «transcurrir la pandemia». Si estas mismas declaraciones las hubiera efectuado el general Martín Miguel de Güemes en 1818, cualquiera podría entender que el defensor de la frontera norte se daba por vencido y aceptaba que las tropas realistas penetraran en el territorio.

¿Cómo «transcurrirá» la pandemia en Salta? Nadie lo sabe con certeza. Los primeros en ignorarlo son los miembros del COE y el resto del gobierno. Ningún científico en el mundo -ni los negacionistas ni los otros- han acertado con sus pronósticos acerca del comportamiento del virus. La OMS -igualmente despistada- sigue advirtiendo de que la enfermedad está todavía lejos de ser derrotada y no hay en el horizonte cercano ni curas ni vacunas probadamente eficientes.

En estas condiciones, carece ya de sentido mantener la «operación jaula». Parece ahora más sensato atacar al virus allí donde este se manifieste, decretando cuarentenas sectoriales y selectivas, pero sin confinar a toda la población, a menos que una medida de esta naturaleza sea inevitable, principalmente por el colapso del sistema sanitario.

La pelota está ahora sobre el tejado del gobierno, que es el que debe dar respuestas. La población -mal o bien- ya ha hecho su esfuerzo. Es hora de que el gobierno abandone el uso de la fuerza como primera respuesta y que la palabra la tomen los médicos, que hasta ahora han sido convidados de piedra en la orgía de supresión de libertades.