
Desde el comienzo de la situación de emergencia, que en la Argentina se sitúa en la tercera semana del pasado mes de marzo, en Salta solo se han registrado cinco casos positivos de la enfermedad, de los cuales cuatro han sido curados y el quinto corresponde a una persona que nunca desarrolló la enfermedad. En Salta no ha habido muertos, no he se ha producido la saturación de los hospitales, no han sido necesarios los respiradores artificiales y no ha habido pacientes de COVID-19 internados en las salas de cuidados intensivos.
Muy diferente es la situación en España, que ayer mismo superaba la cifra de 27.000 muertos por la enfermedad y 228.000 infectados. La contabilidad oficial no incluye seguramente a los fallecidos en sus propios domicilios y en las residencias de personas mayores. La cifra de contagiados puede ser incluso mucho mayor, teniendo en cuenta que muchas personas han cursado la enfermedad con síntomas muy leves y ni siquiera se han hecho las pruebas.
Pero en España no todo es luto ni hospitales desbordados.
El Principado de Asturias, al norte del país, es una de las comunidades autónomas menos afectadas: 307 muertes y 3.250 contagios.
Desde luego, todo son alabanzas para el sistema sanitario asturiano. Expertos y no tan expertos destacan «lo bien que se han hecho las cosas» en el Principado desde que comenzó la crisis. Un buen hacer que ha permitido a Asturias entrar de lleno a la Fase 1 de la desescalada.
En esta comunidad autónoma la tasa de contagio está en el 0,6. En los últimos 14 días se ha registrado una incidencia de apenas 4,6 infectados por 10.000 personas y en la última semana ha habido 14 fallecidos y 31 hospitalizados en las UCI. Estas unidades tienen apenas un 23% de ocupación de enfermos de la covid-19.
El contraste es notable con la Comunidad de Madrid, puesto que en esta ya habían fallecido 841 personas el 21 de marzo, mientras que a la misma fecha en Asturias se habían producido solo cinco decesos. La capital de España lamentó en solo 48 horas el salto entre la primera víctima mortal y la décima; en el Principado pasaron 10 días. El primer positivo se registró el 29 de febrero.
Así en Asturias como en Salta
Pero no todo ha sido eficiencia y control, pues el sólido sistema sanitario asturiano ha contado con la ayuda indirecta de sus particularidades geográficas y un contexto especial que ha frustrado el avance del coronavirus.A pesar de ser unas de las comunidades más envejecidas de España, en Asturias seguramente han influido algunos factores que también se encuentran presentes en Salta: las malas comunicaciones, la baja densidad demográfica en algunas zonas y una escasa conectividad que ha limitado el tránsito humano y, por ende, vírico.
Casi todos coinciden en que las características de Asturias, “con mucha menos movilidad y lejana a Madrid”, han repercutido en el balance. También se atribuyen los buenos resultados a la agilidad de las autoridades que han cerrado algunos colegios la semana antes de decretarse la cuarentena general para cortar parte del peligro. El confinamiento alivió en Asturias la trasmisión comunitaria, exactamente como ha sucedido en Salta, pero en ambos lugares ha intervenido un factor que muy poco ha sido tenido en cuenta: la suerte.
Los expertos avisan que un microorganismo por sí solo no puede desencadenar una pandemia. Para que algo como esto ocurra, se tiene que producir 'una serie de catastróficas desdichas' en las que, por supuesto, los seres humanos y su estilo de vida juegan un gran papel. El factor suerte influye, pues, decisivamente, y es el que en muchos casos determina una secuencia de acontecimientos que empieza con un virus, un microorganismo que técnicamente no está ni vivo ni muerto, y acaba con gran parte de la humanidad confinada. Entre medias, una historia de mutaciones, saltos entre especies, selección natural y éxito evolutivo.