Si me aíslan, que sea en El Faro, por favor

  • El gobierno de Salta, en uno de esos chispazos de inteligencia que caracteriza sus actuaciones, ha decidido encerrar a los viajeros sospechosos en un hotel que está en pleno centro de la ciudad.
  • Una solución higiénica para Salta

Aunque el hotel estuviese en las mejores condiciones de habitabilidad sanitaria, el encierro en pleno centro de la ciudad es algo que los expertos desaconsejan, por múltiples razones entre operativas y psicológicas.


En Salta hay pocos hoteles convencionales que reúnan las condiciones exigidas. Casi ninguno en la periferia de la ciudad, excepto los llamados «hoteles alojamiento», que están bien equipados, son limpios, discretos y como ahora su actividad está formalmente suspendida, podrían tranquilamente funcionar como «hoteles alejamiento».

Se le debería preguntar a los presuntos contagiosos qué les parece más atractivo: si mirar cómo las palomas defecan sobre el monumento al General Arenales, o al contrario, atiborrarse de películas de adultos en El Faro (o el algún establecimiento de su categoría), en donde uno puede abrir y cerrar el frigobar como si estuviera en su casa y en donde los elementos básicos de aseo le son depositados en un discreto torno metálico que impide todo contacto humano.

¡Quién pudiera pasar una cuarentena completa comiendo solo tostados mixtos regados con licuado de banana con leche! Un clásico postorgásmico como ese es probablemente el mejor remedio contra nuestro invisible enemigo jurado. Una dieta a base de potasio y proteínas haría que al cabo del confinamiento saliésemos hechos unos toros de nuestro encierro.

El encierro ha traído una de cal y otra de arena al sexo furtivo en Salta. Por un lado, se ha visto reducida en un 78% la actividad de los pata i lana, y de los polígamos, que se las ven en figurillas para aparecer en algunos de los hogares habituales sin despertar sospechas en los otros. Pero por el otro, el uso obligatorio de los barbijos ha vuelto prácticamente irreconocibles a las personas, lo que facilita el gateo nocturno por parte de algunos obsesos del sexo que se resisten a ser identificados.

Todas estas razones avalan que se disponga, mediante bando municipal, la apertura al servicio sanitario público de los hoteles por hora. Ya que si vamos a privar a alguna gente de su libertad de circular, por lo menos les dejemos intactas las fantasías.