El caos bancario rompe de hecho la cuarentena en Salta

  • Miles de personas mayores y otros colectivos vulnerables se han lanzado hoy a las calles, a pesar de las restricciones impuestas por el gobierno, tras anunciarse que los bancos -que hasta ahora permanecían cerrados- iban a abrir para pagar a pie de ventanilla unas míseras prestaciones en dinero.
  • Una situación preocupante

El caos se ha apoderado de las calles de Salta así como de otras ciudades del país tras la apertura de los bancos. La insólita medida gubernamental -que parece poco menos que inevitable si se tiene en cuenta la escasa propensión de los ciudadanos a abrir cuentas bancarias, complicadas y penalizadas por altas comisiones- ha obligado a que miles de personas mayores que deberían cuidar su salud observando el encierro preventivo, salgan a la calle y formen larguísimas filas, con apenas la protección de una mascarilla en el mejor de los casos.


La situación no ha pasado desapercibida ni para el gobierno provincial ni para la Intendenta Municipal Bettina Romero que ha salido a pedir la intervención del Banco Central para acabar con lo que ella considera «maltrato» hacia las personas mayores que se ven obligadas a soportar largas esperas en las calle.

Ls situación es realmente paradoja, pues hace unas pocas semanas atrás la misma autoridad alentaba la intervención de la Secretaría de Defensa del Consumidor, llamando la atención sobre el «trato degradante» que sufren las personas mayores a manos de unas entidades bancarias de las que ni siquiera son clientes.

A pesar de que la organización y el pago de estas prestaciones corre por cuenta exclusiva de la Administración Nacional de la Seguridad Social, ni esta ni los bancos han adoptado medidas para evitar las largas concentraciones humanas a las puertas de las oficinas bancarias y el maltrato consecuente a las personas que acuden a ellas.

Según se ha podido constatar en las calles, la cuarentena se ha roto de hecho en Salta. En las colas se ven personas con mascarillas pero la mayoría no las usa ni respeta la «distancia social mínima» establecida en 1,5 metros.

Esta situación se produce en el mismo momento en que Salta ha detectado su tercer caso positivo de coronavirus y las autoridades sanitarias no tienen la menor idea acerca del número real de infectados, dado que se practican muy pocas pruebas y el gobierno parece decidido a combatir la enfermedad en el lugar y el momento en que se presente, sin gastarse en efectuar seguimiento sanitario a los posibles positivos asintomáticos.

Las consecuencias sociales de la ruptura de la cuarentena pueden ser devastadoras, pues la salida masiva de población de riesgo a la calle revela que antes que salud está la subsistencia de las personas, que temen quedarse sin recursos para poder hacer frente a los consumos más básicos. Si el ejemplo cunde, los esfuerzos del confinamiento masivo de la población pueden llegar a ser enteramente inútiles, en un momento de marcada incertidumbre acerca de la futura evolución de la enfermedad.