La reciprocidad unilateral de la salud pública de Urtubey

  • El Gobernador de Salta había resultado ser un auténtico pionero de la atención sanitaria de los extranjeros en puestos nacionales. Su solución: convertirlos -al menos simbólicamente- en puestos extranjeros. De este modo se evita cualquier polémica al respecto.
  • Todos somos hermanos, hasta en las banderas

Hace casi cuatro años, cuando todavía era Ministro de Salud Pública del gobierno provincial de Salta, el señor Oscar Villa Nouguès, el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, visitó un puesto sanitario argentino ubicado en el paraje Abra de Santa Cruz, enclavado en el departamento salteño de Santa Victoria Oeste.


Hasta este remoto lugar llegó la gallarda figura del mandatario provincial, quien entre sus alforjas llevaba un equipo odontológico para el citado puesto sanitario, que lo recibió con un gran despliegue de símbolos, entre los que sobresalía la bandera oficial de Bolivia, firmemente sujeta a un mástil, con moñito y todo, en igualdad de condiciones visuales que la bandera de Salta, que también adornaba la dependencia.

La bandera nacional argentina, la tradicional celeste y blanca nacida de la imaginación del General Belgrano, no estaba presente en el lugar, si nos fiamos de la fotografía que fue tomada en la ocasión y que fue distribuida a los medios por la comunicación oficial del gobierno de Salta.

A la vista de esta imagen, se podría decir, cuatro años después, que Urtubey es un auténtico pionero en esto de la atención sanitaria en facilidades públicas de ciudadanos bolivianos en territorio argentino. Tan poco distingue el Gobernador entre unos y otros, que en los puestos sanitarios no figura ni de casualidad la bandera argentina, pero sí la boliviana, con sus alegres y festivos colores.

En este caso, no hay reciprocidad que valga, pues la sanidad pública de la Provincia de Salta atiende a los ciudadanos bolivianos, pero no en territorio argentino sino en un simbólico territorio boliviano (todo un alarde de extraterritorialidad sanitaria). Así de tranquilo se debe sentir un nacional del vecino país, al que seguramente se le ha puesto la bandera de su país junto al sillón odontológico para que experimente un natural alivio, al saber que por lo menos no le están haciendo un favor en el extranjero, sino en su propia tierra.

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