
El Vaticano ha dado un paso de gigantes en defensa de la salud humana y el medio ambiente, al convertirse en el tercer Estado del mundo que prohíbe en su territorio la venta de tabaco. Los otros dos países que habían adoptado esta medida con anterioridad son Bhutan y Turkmenistán.
La revolucionaria medida anunciada por el papa Francisco no sería tal si no se atendiera a los argumentos con que se la ha justificado: «La Santa Sede no puede colaborar con una práctica que perjudica claramente la salud de las personas».
Con la prohibición de su venta en todo el territorio del pequeño Estado Vaticano, la Santa Sede pierde unos ingresos estimados en más de diez millones de euros al año. Esta renuncia a los ingresos ha sido explicada con claridad por el portavoz de la Santa Sede, monseñor Greg Burke, quien ha dicho que «ningún beneficio puede ser legítimo si pone en peligro la vida de las personas»".
La declaración vaticana no ha dudado en calificar al tabaco como «un negocio que causa la muerte de más de siete millones de personas cada año, según la Organización Mundial de la Salud».
En los dominios pontificios ya regía la prohibición de fumar, pero a ello se ha unido ahora la interdicción total de la venta de tabaco, que supone un importante recorte a las arcas vaticanas, teniendo en cuenta de que los cigarrillos se vendían en esta ciudad a un precio más barato que en Roma.
La noticia caerá seguramente como un baldazo de agua fría en Salta, en donde el muy devoto Gobernador de la Provincia, ha defendido una y otra vez el cultivo de tabaco en el Valle de Lerma, aun frente a las incontestables demostraciones de su carácter nocivo para la salud.
El argumento favorito del Gobernador de Salta -aliado de la Iglesia local- es el que dice que el tabaco «genera muchos puestos de trabajo» (casi todos ellos miserables, habría que agregar) y que su reducción o su desaparición generaría una crisis económica de imprevisibles consecuencias en Salta.
La decisión de la Iglesia se conoce pocas horas después de que la Organización Internacional del Trabajo anunciara que en 2018 romperá sus lazos con la industria del tabaco, pues en este sector -dice la OIT- existen «importantes déficits de trabajo decente, en particular respecto del trabajo juvenil».
Hay que recordar que así como los tabacaleros de Salta apoyan a Urtubey, la OIT viene recibiendo apoyo financiero de la industria tabacalera mundial para dos programas de contra el trabajo infantil en el cultivo del tabaco, cuyos resultados, al parecer, no han satisfecho las expectativas de la organización internacional.
Pero antes que la reacción oficial del gobernador Urtubey a la medida dispuesta por el papa Francisco se espera que el Arzobispo de Salta efectúe una declaración pública de condena a la producción de tabaco en territorio provincial, por las mismas razones por las que el Santo Padre prohibió su venta en el Vaticano, pero también por su tremendo impacto medioambiental y las espantosas condiciones sociales que genera. Entre las medidas que se espera adopte la iglesia católica salteña se cuenta con la prohibición de que los sacerdotes acudan a bendiciones de instalaciones relacionadas con la producción o industrialización del tabaco.
Hecho esto, cabe esperar que el gobernador Urtubey y la oligarquía tabacalera que lo apoya efectúen un mea culpa y que admitan, como lo ha hecho oficialmente la iglesia católica, que el tabaco (el que se cultiva en Salta y en otras partes del mundo) es perjudicial para la salud.