La preocupación tolstoiana por el saneamiento y el retrete

  • El saneamiento está estrechamente vinculado a la salud pública, debido a que un medio ambiente malsano es la causa y el origen de la propagación de graves enfermedades.
  • Genocidio silencioso
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En la Provincia de Letrinia, antiguamente conocida como Salta, un porcentaje de hogares no cuantificado oficialmente pero que algunos consideran muy elevado, carece de acceso al agua corriente y a elementales recursos de saneamiento, como retretes inodoros y cloacas.

Nuestras ciudades, que nadie diseña y que van creciendo alocadamente a medida de que la demografía y las migraciones internas presionan por la extensión del suelo urbano, nacen, crecen y se desarrollan sin que los seres humanos dispongan de una vía accesible y barata para conectarse a las redes que aseguran la evacuación apropiada de las aguas residuales.

A pesar de ello, algunos folklóricos, nacidos y engordados en Letrinia, con esa mirada candorosa que proyectan hacia los pueblos originarios, sostienen que eso de defecar en inodoros instalados en cubículos aislados y protegidos de miradas indiscretas y el hacer viajar los excrementos a través de cañerías selladas a cal y canto es una especie de preocupación tolstoiana (*). Una costumbre burguesa, de urbanitas creídos y presuntuosos.

A ello se suma que, para muchos, es más barato cavar un hoyo en el suelo y almacenar allí una colección de heces y excreciones varias, con la esperanza de que la Pachamama, por arte de encantamiento, se encargue de hacer que todo ese cóctel se convierta algún día en agua apta para beber y preparar el biberón y la papilla para los lactantes.

En Letrinia, la falta de saneamiento no está relacionada tanto con el desigual avance de la demografía y el urbanismo como con la extensión de la pobreza. Quienes carecen de lo elemental para vivir dignamente siempre empiezan por no tener algo importante: en la mayoría de los casos, empiezan por no tener baños, duchas, inodoros y cloacas. Y ello, a pesar de que muchos y muchas de los que viven en estas precarias condiciones lleven consigo unos poderosos smartphones. En cualquier caso, el gobierno los mantiene a todos contentos.

Ya había cloacas en la antigua Roma, o sea que no hablamos de un invento moderno, precisamente.

El saneamiento está estrechamente vinculado a la salud pública, debido a que un medio ambiente malsano es la causa y el origen de la propagación de graves enfermedades. La proximidad de las aguas servidas (un fenómeno muy frecuente en Letrinia) puede engendrar enfermedades de transmisión fecal-oral, como las diarreas, la fiebre tifoidea, la hepatitis o el cólera. También enfermedades transmitidas por vectores, como el paludismo, las filiariasis o el dengue.

¿El dengue? Sí, el dengue. En algunas zonas de la Provincia, más que «descacharrar» habría que «descerotizar». Y saldríamos ganando.

Otras enfermedades, en cambio, tienen que ver no tanto con la proliferación de aguas servidas sino en particular con las letrinas inexistentes o defectuosas. Por ejemplo, la esquistosomiasis y otras producidas por gusanos como los nematodos.

O sea, que de prejuicio tolstoiano poco y nada: el saneamiento es la única forma de asegurar la evacuación y el tratamiento de las aguas usadas y de los excrementos para minimizar los riesgos para la salud y el medio ambiente.

Que en nuestra Provincia (se llame Salta o se llame Letrinia) haya personas que no tengan acceso a esta protección fundamental para su salud es casi un crimen de lesa humanidad. Un genocidio silencioso y probablemente maloliente. También lo es que haya mujeres que no encuentren mejor lugar que una letrina oscura e infecta para abandonar a su cría recién nacida y otras que, con la cría aún dentro de su cuerpo, sean engullidas por un pozo ciego mientras se encuentran en cuclillas.

Tal vez, si a la Primera Dama de Letrinia se le encendiera la lamparita, y en vez de andar paseando sus modelos exclusivos por las zonas más desfavorecidas de la Provincia y de lanzar arrobadas declaraciones de amor hacia su pareja fashion, se propusiera instalar 250.000 inodoros con sus correspondientes cloacas para las personas que lo necesitan, nos aseguraríamos dos cosas: una, que los pozos ciegos y las letrinas no se conviertan jamás en la tumba de seres humanos, nacidos y por nacer; dos, que la Primera Dama encuentre algo bueno para hacer en los dos años y medio que le quedan como inquilina pizpireta de Finca Las Costas.

(*) - Al parecer, el escritor ruso se quejaba ante Gandhi, con quien mantenía una fluida correspondencia, del estado sanitario de algunas ciudades de la India.