Castración animal, bienestar humano

Es de algún modo contradictorio que una oficina pública que se llama de «bienestar animal» se dedique a castrarlos.

La castración, aunque sea necesaria, es una intervención brutal contra la naturaleza animal y, por tanto, se sitúa en los antípodas de lo que podría considerarse el «bienestar» de las mascotas.

Por supuesto, hay toneladas de argumentos veterinarios relacionados con la conveniencia de esterilizar a las mascotas, pero el 90 por cien de ellos tienen que ver con la comodidad de sus dueños (seres humanos) y no tanto con el buen funcionamiento, somático y psíquico de los animales.

En Salta, en donde los perros callejeros no han formado todavía un Estado paralelo porque Dios es grande, las castraciones deberían ser realizadas por una dirección de control de plagas y no por una que dedique su tiempo al bienestar animal.

Claro que darle al mejor amigo del hombre el mismo tratamiento que a una cucaracha puede despertar la ira de las asociaciones proteccionistas, que seguramente no se ofenderán si alguien les dice (cariñosamente) que son unas víboras.

Para ser sinceros, la castración es solo una forma, no demasiado piadosa, de evitar lo que se llama la eutanasia de las mascotas; es decir, su sacrificio. Pero hay que recordar que la castración es llamada, en algunos países, «de-sexing» y que la ablación de testículos y ovarios de las mascotas aumenta la probabilidad de que los animales padezcan cáncer, problemas articulares y demencia.

El «bienestar» es entonces pan para hoy y hambre para mañana.

En concreto, un estudio realizado entre los años 2000 y 2009 en el hospital veterinario de la Universidad de California-Davis, mayormente entre goldens retrievers, revela que los animales esterilizados sufren en la edad adulta las siguientes enfermedades: displasia de cadera, daño en el ligamento de la rótula, cáncer linfático, cáncer en las paredes de los vasos sanguíneos y tumores en las células mamarias.

Otros estudios ponen de manifiesto que perros macho esterelizados a edad adulta tienen más altas probabilidades de sufrir demencia, así como las hembras pueden desarrollar problemas de agresividad.

Después de analizar docenas de artículos de investigación relacionados con la práctica de de-sexing, un equipo de investigación dirigido por Clare Palmer, de la Texas A&M University dijo: «Nuestra conclusión general es que la rutina de esterilizar los animales de compañía, especialmente los perros macho, no se encuentra moralmente justificada».