
No sabemos si el Doctor de la Gracia, máximo pensador del cristianismo del primer milenio, estaría muy contento si esta misma tarde entrara a Internet y se anoticiara de que en la lejana Provincia de Salta se le va a honrar con «actividades religiosas y gauchescas», como si las dos tuviesen la misma importancia.
Si bien cada población es muy dueña de recordar y honrar a su santo patrono como se le antoje, el hecho de mezclar una «agenda litúrgica» con un espectáculo de destreza criolla, seguido además de un «baile popular», parece más cosa del diablo de que los santos.
Nadie pide que en una celebración de esta naturaleza se suprima la alegría, como lo hace el Arzobispo de Salta al prohibir los espectáculos y las actividades populares al aire libre (ahora también los choripanes) durante la fiesta del Milagro. Al contrario, las fiestas de los pueblos son por definición libres y si algo debe brillar en tales celebraciones es precisamente la libertad.
Ahora bien, lo que no se puede hacer, ni siquiera en nombre de la libertad, es colocar a la misma altura las honras «litúrgicas» y el homenaje «gauchesco», y presentarlo todo como si fuese un solo paquete en el que no se puede separar su contenido.
La Iglesia y las personas piadosas deberían preocuparse seriamente, no porque los gauchos se ocupen también de honrar al Santo, pues están en su derecho, sino porque la «liturgia gauchesca» en las fiestas patronales reciba el mismo tratamiento informativo y ocupe un lugar equivalente a la «liturgia religiosa».
Si, vuelto a sorprender por los fariseos y partidarios de Herodes, Jesucristo fuese interrogado acerca de si es lícito mezclar a los gauchos y a sus destrezas ecuestres con el santo de Hipona, el Hijo de Dios, viendo la hipocresía de sus interpeladores, les dría: «Traedme un guardamontes, para que yo lo vea». Y si se lo trajeran, y Jesucristo les preguntaría: «¿De quién es esta cara y esta inscripción?» Y le contestarían: «Es de Urtubey. Aquí dice ‘Haciendo realidad la esperanza’». Entonces, Jesús les replicará: «Lo que es de Güemes pagádselo a Güemes, y lo que es de Dios, a Dios».
Los fariseos, admirados, deberán emprender la retirada con cara de circunstancia.
