Como en una novela de misterio por entregas, hoy la prensa canalla ha publicado «la parte que faltaba» de la foto de Intendente de El Bordo, Chicho Mazzone, en la que se puede apreciar en toda su enorme dimensión humana la figura del protagonista estelar del culebrón del verano salteño. Hasta hoy, solo se conocía «la primera parte» de la foto; es decir, aquella en que se ve al Intendente de medio cuerpo para arriba, con el torso desnudo y acompañado por una jovencita cuyas facciones lugareñas algunos han desenfocado para proteger su intimidad y otros directamente no lo han hecho.
Ahora conocemos también la parte inferior de la anatomía de Chicho, el secreto de Estado mejor guardado del Valle de Siancas.
Sabemos (y no tendríamos por qué demonios saber) que Chicho está un poco «jamoncillo», pero con ese par de piernazas que el Altísimo le ha dado, podría poner en fuga en cuestión de un par de minutos al escuálido ministro Costello, amante de los gimnasios y de la aparatología pesada.
De hecho, antes de que se produjeran estas desagradables revelaciones fotográficas, Mazzone había advertido al Ministro de Trabajo que no se apareciera por El Bordo porque «lo iba a sacar recagando» (sic).
Ahora ya sabemos con qué.
Lo que le molesta al gobierno (y al parecer tanto que ha disparado la intervención a El Bordo) es la revelación fotográfica de que Mazzone es, por lejos, «más sexy» que el Ministro de Trabajo (dueño de una fealdad cívica a prueba de estómagos exigentes). El ego de algunos llega al extremo de inventarse una gravedad institucional por un par de piernas rechonchas y peludas.
Mientras el gran circo festeja la foto de los chuncones del Intendente como una gran conquista de la transparencia informativa, una parte reducidísima de la población se pregunta si los todavía presuntos inocentes -como el señor Mazzone- disfrutan en Salta de algo que se llama derecho a la intimidad y a la propia imagen.
Convendría poner el funcionamiento también en este caso el modernísimo escáner de barrido de protones del CIF para detectar entre la muchedumbre a aquel salteño o salteña que realmente piensa que la difusión de las fotos de las piernas (y el «paquete») de Mazzone es totalmente innecesaria, violatoria de derechos fundamentales y un atentado al buen gusto democrático.
Cuando los fiscales identifiquen a ese excéntrico ciudadano (o ciudadana), capaz de experimentar asco por el lamentable espectáculo mediático, el próximo paso consiste en desnudarlo, exponerlo ante un pelotón de remiseros con modernos y flasheantes Samsungs y colgar las fotos resultantes en las redes sociales. Para que ese insolente amigo de la presunción de inocencia vaya sabiendo lo que le espera en esta nueva Salta pletórica de derechos, fundada por Urtubey y sus amigotes.