
El 1 de febrero de 1997, cuando se decidió la fundación de Iruya.com el estado de las libertades en Salta era preocupante. Un cerrojo informativo, reforzado por las prácticas monopolísticas de un holding familiar directamente emparentado con el poder político ponía en serio peligro la construcción y la afirmación de nuestra democracia.
A lo largo de los últimos 24 años las libertades públicas han experimentado un serio retroceso, pero tenemos que reconocer que la libertad de informar, la de expresarse y la de compartir ideas han hecho un gran esfuerzo por no perecer atrapadas en las tenazas del poder.
La libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de cualquier sistema avanzado de convivencia democrática y así lo han entendido los salteños que, a pesar de la creciente polarización de la opinión política y del aumento de los niveles de intolerancia y de odio en las redes sociales y en ciertos medios de comunicación, han conseguido librarse de las garras del monopolio familiar y hoy disfrutan de los beneficios de una amplia variedad de medios y canales de transmisión de ideas.
Sin desmerecer en absoluto a otros, tenemos que recordar que fuimos los primeros y que en estos momentos no existe en Salta ningún medio digital nativo que haya reflejado, durante 24 años, el pulso de la sociedad salteña como lo hemos hecho nosotros.
A lo largo de todo este tiempo, hemos trabajado con gran dedicación y esmero para hacer realidad un modelo singular de entender y practicar la comunicación digital, en libertad, con independencia, sin adquirir compromisos, sin admitir presiones ni señalarse límites de antemano.
Si a pesar de todas las dificultades (entre las que marchan a la cabeza las de naturaleza económica) hemos logrado sortear obstáculos y resistir la prueba del tiempo es solo porque los salteños quieren que sigamos existiendo; porque más allá de las discrepancias de enfoque o la diversidad de opiniones, nuestros comprovincianos necesitan una señal de alarma frente a los abusos de poder y reclaman que ejerzamos como vigías de las injusticias que se producen a diario entre nosotros.
Esta es nuestra razón de ser y no el negocio editorial, al que renunciamos hace ya muchos años para privilegiar el objetivo de contribuir a la regeneración de la vida pública en Salta y la aportación constante y decidida al mejoramiento de nuestra democracia, que son dos de las demandas prioritarias de la mayoría de nuestros ciudadanos.
En estos 24 años lo fundamental han sido dos cosas: el servicio y el contenido. Hemos orientado nuestros esfuerzos hacia estas dos metas, en la convicción de que Salta necesita de una comunicación abierta y transparente, desligada tanto del poder político como del poder económico, que privilegie la calidad de la información antes que el lucro o las operaciones políticas.
Cuando estamos a punto de cumplir nuestro primer cuarto de siglo, estamos cada vez más convencidos de que Salta sería hoy muy diferente -probablemente peor- si cuando promediaba el lluvioso verano de 1996-1997 un grupo de entusiastas no hubiera puesto su ilusión y su empeño en dar vida a un medio digital rigurosamente independiente y comprometido con nuestras libertades amenazadas.
En los 24 años que han pasado nos hemos reinventado una y otra vez para hacer frente a los desafíos del futuro, y hacerlo además sin alterar los compromisos tradicionales de la comunicación y que forman parte de la esencia del periodismo, como son el rigor y la responsabilidad.
Quienes a diario hacemos Iruya.com nos sentimos cada vez más comprometidos con nuestros lectores y usuarios y con la sociedad a la que nos dirigimos. Detrás de cada uno de nuestros contenidos hay siempre un hombre o una mujer que se han detenido a pensar en la forma más justa y aceptable de contribuir a formar sólidamente a nuestra opinión pública. Esta es nuestra contribución a la construcción de nuestra Provincia y de su democracia y nuestra manera de ayudar a progresar juntos como sociedad.
Gracias a todos. A los que nos leen y a los que se engañan a sí mismos diciendo que no lo hacen. Todos ayudan a que seamos cada día más fuertes.