
Solo le faltó al diario en cuestión resucitar la vieja distinción entre hijos sacrílegos, incestuosos y adulterinos o hablar con ligereza de hijos legítimos y de hijos naturales para que el cuadro discriminatorio estuviese completo.
Sin dudas, todos los hijos de Maradona son «legales», en el sentido de que ninguno de ellos ha violado ninguna ley, ni en el momento de haber nacido, ni después, que se sepa.
Y además, son hijos perfectamente legítimos, independientemente del carácter matrimonial o extramatrimonial de su filiación, que, como bien es sabido, no produce ninguna consecuencia jurídica, ni siquiera en el plano del derecho hereditario.
Es muy peligroso atribuir la condición de hijo ilegal a un ser humano cuya filiación no se encuentra determinada o cuya paternidad no haya sido reconocida. No solo es peligroso sino que es insultante y discriminatorio.
La distinción entre hijos reconocidos y no reconocidos carece de utilidad y de sentido práctico, puesto que solamente deben ser considerados «hijos» aquellos que han sido efectivamente reconocidos. No los otros; a menos que se haya producido el reconocimiento o que su filiación haya sido determinada por alguno de los procedimientos previstos legalmente.
En cualquier caso, lo que no se puede hacer (y menos escribir en un periódico) es que una persona es hijo «no legal» de otra, por faltar el reconocimiento de esta o la determinación de su filiación de otro modo.
Ninguno de los hijos de Maradona (o de cualquier persona) tiene derecho a ser tratado de esta forma tan injusta, tan anacrónica y tan agresiva. Ninguna persona puede atribuirse una vara de medir para calificar a los hijos de otra persona según su particular visión de la «legalidad». Menos, por supuesto, los medios de comunicación.
La memoria de Diego Maradona merece un respeto y se falta a él cuando se pretende establecer diferencias entre su descendencia, calificando a algunos de sus hijos como «legales». Hacer algo como esto equivale a decir que los «otros» (los que no son «legales») son hijos clandestinos o habidos en violación a la ley. Además del insulto que representa este juicio velado, lo que correspondería hacer para avalarlo es decir qué ley en concreto han cumplido o incumplido Maradona, sus esposas, su amantes o sus hijos.
Ninguna persona que nace, así sea fruto de una relación casual, efímera, accidental o no deseada, lo hace enemistada con la ley, y por ningún motivo merece que se le cuelgue ningún calificativo.
