
Cierto medio de comunicación relata el drama vivido por el diputado provincial, Matías Monteagudo, electo por el Departamento de San Martín, primero con el fallecimiento de su hermana y luego con el resultado positivo de las pruebas de coronavirus practicadas al mismo diputado.
¿Pero cuál de los dos sucesos es más lamentable?
Para este medio de comunicación, sucede con el diputado Monteagudo lo mismo que con Gennice Graham, la understudy que reemplazó a Bette Midler en la ficción musical Rochelle, Rochelle. Graham, que lloraba por cualquier cosa (incluso porque la salchicha de un hot dog que comía se cayó al suelo), reaccionó con frialdad e indiferencia cuando por telegrama le habían comunicado el fallecimiento de su abuela.
Según la crónica periodística de Salta, Montegaudo contó en las redes sociales que había perdido a su hermana. Pero el medio digital, sin venir a cuento, escribió que lo peor vino después, con la confirmación de su propio contagio por coronavirus.

Esperemos que se trate de una especulación del medio de comunicación en cuestión, puesto que en circunstancias normales, para cualquier persona de sentimientos medios, es muchísimo peor el fallecimiento de una hermana que un positivo por coronavirus.
Si esta arbitraria escala de valores no es rectificada por los interesados en las próximas horas, habrá que pensar que la Cámara de Diputados alberga a legisladores con los sentimientos alterados, a personas que son capaces de montar una escena por una uña encarnada y que sin embargo se muestran indiferentes frente a un diagnóstico de cáncer en fase terminal.