
Parece evidente que lo que el Gobernador ha querido poner de relieve fue que, sin la ayuda del Ejército (que él movilizó para atender la grave situación de pobreza y falta de servicios), aquel embarazo infantil no podría haber tenido un «final feliz».
Pero una cosa es celebrar la eficiente solidaridad del Ejército (sus vehículos especiales pudieron transportar a la pequeña ante la imposibilidad de hacerlo en vehículos comunes) y otra bien diferente es celebrar que la joven embarazada haya tenido «un bebé hermoso», como si la maternidad a una edad tan temprana fuese un hecho natural y memorable, como si se tratara del final de un cuento de hadas y no de un drama humano de profundas raíces, que, además, no finaliza sino que acaba de comenzar para una persona indefensa.
Finalmente un camión del Ejército la traslada con el Dr. Guayamuya arribando a SVE a las 3:45. Desde ahí es trasladada al hospital de Tartagal donde hace unas horas fue mamá. GRACIAS al @Ejercito_Arg por el compromiso, a los médicos y enfermeros y a DIOS por sobre todas las cosas
— Gustavo Sáenz (@GustavoSaenzOK) February 22, 2020
Gustavo Sáenz debió -y así lo entendió una importante cantidad de usuarios de las redes- destacar la intervención del Ejército en el desplazamiento de la enferma, pero, antes de agradecer a Dios y a los mortales que hicieron posible el parto, debió lamentar o mostrarse preocupado por el hecho de que una joven de tan solo 14 años, residente además (ya se puede decir, con vergüenza pero también con plena certeza) en una de las regiones más pobres del mundo se enfrente al riesgo social y sanitario de una maternidad precoz y claramente no planificada.
Sáenz se enfrenta al reto de atacar la probreza extrema y las causas que la provocan, pero también al de considerar que una de las vías más eficaces para evitar este tipo de situaciones sociales dolorosas es la impartición de educación sexual, tanto en las escuelas públicas como fuera de ellas.
Otros usuarios de las redes han aprovechado para preguntarse qué ha sido de la famosa «inteligencia artificial» de Urtubey y Abeleira, que prometía -con una precisión casi milimétrica- detectar a las niñas pobres de Salta en riesgo de embarazo prematuro.
Tal parece que en el caso de la pequeña Dalmira, la «inteligencia artificial» ha perecido a causa del complejo síndrome endémico del «mate trancao».
Para estos usuarios descontentos, Sáenz también debió haber arremetido contra la impredonable irresponsabilidad del anterior Gobernador y de su ministro de la Primera Infancia y promover al mismo tiempo una investigación amplia y rigurosa sobre el destino de las enormes cantidades de dinero público que se gastaron en este experimento mengeliano.
El gobierno que comanda Sáenz debe hacer esfuerzos, tanto para evitar la difusión de una cultura de la «normalización» de los embarazos infantiles, como para lograr que su comunicación personal a través de las redes sociales no quede expuesta a los ataques inmediatos, sobre todo cuando la intención original del mensaje es loable y positiva, como en este caso.