En Salta, las personas van a juicio por ‘tragedias’, no por cometer delitos

  • Así como en Salta se encarcela a personas por situaciones cómicas, que se producen generalmente a bordo de las unidades del transporte público, también se priva de su libertad a los ciudadanos por otras emociones que son más propias del teatro que del mundo del delito.
  • El lenguaje, apaleado por la policía y los comunicadores

No suelen faltar tampoco las «persecuciones cinematográficas», lo que indica que la Policía de Salta está vivamente interesada en las artes escénicas, mucho más -según parece- que en la represión del delito. La conexión entre la Policía y la cultura es cada vez más notable e intensa, desde que los uniformados tienen asiento fijo en el stand de Salta de la Feria del Libro de Buenos Aires.


Ya de antes había entre nosotros «macabros hallazgos» e «intensas búsquedas», pero ahora lo que domina los primeros planos (y nunca mejor dicho) son las «tragedias viales», auténticas reinas de la comunicación cotidiana.

Cualquiera, incluso, puede presenciar una «tragedia vial» desde el sillón de su living si acierta a sintonizar la dirección IP de las cámaras de vigilancia de la Policía, que se solaza con la contemplación de los porrazos que se dan los motociclistas contra los colectivos en las esquinas monitoreadas continuamente por el sistema de emergencias. Y si alguien se ha perdido el espectáculo en directo, puede verlo en diferido a través de las redes sociales del Ministerio de Seguridad.

A los policías, así como a los comunicadores, no les importa en absoluto que el adjetivo «vial» se utilice correctamente solo cuando se refiere a las vías de circulación, y no se aplique, en consecuencia, ni a los conductores ni a los vehículos.

Si el idioma se utilizara como corresponde, una «tragedia vial» sería por ejemplo el hundimiento de un puente o la apertura del un socavón en el pavimento, que suponen un sufrimiento de la «vía» pero no los choques ni los atropellos, sucesos en los que el camino no sufre desperfectos y suele quedar intacto después de horrendos choques.

Por tanto, si un diario nos ameniza el desayuno informándonos que «juzgarán a una mujer por una tragedia vial», tenemos que saber de antemano que esa mujer saldrá absuelta, puesto que no hay en el Código Penal argentino ningún delito que se denomine «tragedia vial», ni hay tribunal alguno que dicte condenas por este motivo. Hay sí estragos, homicidios culposos, lesiones, daños y otras yerbas, pero las tragedias, desde Sófocles hasta Ingmar Bergman, pasando por Shakespeare, están reservadas al teatro más clásico, o al cine.

Así como no existen prácticamente las «tragedias viales», ni en la realidad de nuestro idioma ni en la letra del Código Penal, tampoco hay «caos vehiculares», otro invento que solo apunta a hacer más desagradable la lectura de las noticias, pero que no aporta ningún dato descriptivo de la realidad.

Parece ser que la máxima es que mejor comunica quien más ofende la sensibilidad del lector. Por eso, en nuestras noticias policiales, y en las que no lo son, abundan los shocks hipovolémicos, los motociclistas eviscerados, los cadáveres semidecapitados, las penetraciones por las dos vías (una auténtica tragedia «vial»), las puñaladas en el ventrículo derecho, el vertido de masa encefálica sobre el pavimento, los estallidos testiculares y la ablación de los globos oculares.

Al lado de este prolijo despliegue de detalles de la casquería más menuda, el viejo libro de medicina legal de Nerio Rojas y su ya famoso «cuchillo de carnicero arrojado desde varios metros» se ha convertido en un volumen para que toda la familia comparta lectura e ilustraciones a la hora del desayuno.